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El rumbo en la coyuntura / Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

«initium sapientiae, cognitio sui ipsius» **

El país vive días conflictivos desde hace ya algún tiempo, en los meses recientes se percibe un agudizamiento en el ambiente social de una cierta presencia de desánimo, una abundancia de críticas y malestar generalizado. Las opiniones adversas al orden social proliferan, critican al sistema en su conjunto. Las críticas afectan por igual a la oposición y al Gobierno, al Estado y sus instituciones, a las empresas y a las organizaciones no gubernamentales. Este clima está presente en los espacios de opinión televisivos, radiales, impresos o en línea, como en las conversaciones cotidianas; el malestar insinúa la posibilidad de un cambio profundo y, el deseo de que ocurra.

Por muchas razones, el país ha cambiado y éste no puede disociarse del exitoso paquete reformista impulsado a inicios del sexenio por los principales partidos políticos nacionales, y el Gobierno de la República. La transformación impulsada y las energías reformadoras no se han  esfumado. El deseo de cambio institucional se manifestó a fines del 2012, como pocas veces en la historia reciente y esa energía permitió modificar coordenadas clave del sistema y generó resistencias que no pueden obviarse.

El desánimo y el malestar de estos meses provienen sin duda de las resistencias y algunas frustraciones por el sentido y contenido de las Reformas Estructurales, y también de la falta de resultados visibles en el corto plazo. En buena medida, el desánimo proviene de que se esperaba mucho más. Los cambios están hechos y en general se percibe el deseo de continuar con la energía reformadora para bien de nuestra vida democrática.

Los cambios institucionales impulsados por las Reformas Estructurales siguen en una de las fases más delicadas, es decir, su implementación. La insatisfacción de grupos influyentes y variados es realmente impredecible. La coyuntura no permite saber con claridad qué esperar en los meses y años inmediatos. Lo mismo puede haber una cascada de alternancias, o una cadena de ratificaciones a los partidos en el poder. Esa incertidumbre sistémica es una de las prendas más visibles que dejó nuestra larga y complicada transición a la democracia, si es que aceptamos que ésta realmente existió o solo tuvimos una alternancia política y modificaciones coyunturales imprescindibles debido a presiones sociales. En todo caso el   proceso político y cultural de los tres últimos lustros merece revisarse, sobre todo con seriedad y método.

Una forma privilegiada para hacerlo es leyendo  libros ingeniosos y atinados como “Estampas de Liliput”  de Fernando Escalante o “Coyunturas y Cambios”, de Jean François Prud’homme, ambos de El Colegio de México. Otra es convocar a la reflexión y al diálogo civilizado. El actual sistema de partidos realmente está agotado, la partidocracia ha generado tal rechazo social que la única vía que ven posible es el fortalecimiento de las candidaturas independientes.

En la actual coyuntura es necesario definir el rumbo del país, el futuro tiene que definirse en una reflexión colectiva, no puede provenir de augurios de gurús iluminados que pretenden introducir mecanismos políticos de otras latitudes, México es diferente.

**«El comienzo de la sabiduría
es el conocimiento de uno mismo».