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El secretario de la pobreza se queda sin clientes / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

La política está hecha de humo, espejos y eufemismos.

Por eso a las secretarías de Estado les ponen esos nombres kilométricos, que por lo general van en razón inversa a su importancia. Sería mucho más sencillo bautizarlos según su función y, por ejemplo, a Hacienda, que es la que maneja la lana, decirle Secretaría de la Riqueza y a Desarrollo Social, que se ocupa de los que no tienen lana, Secretaría de la Pobreza.

Mea culpa, Mea de

Hace algunas semanas escribimos aquí que el recién nombrado titular de Sedesol no reconocería a un pobre ni aunque se lo presentaran en charola, rodeado de berros. Nos equivocamos. José Antonio Meade Kuribreña, en cuanto a pobres, sí es capaz de reconocerlos. Y algo más interesante, también es capaz de desaparecerlos.

Así, a los 55 millones de pobres que registra el Coneval les aplicó los esquemas de medición de la ONU y quedaron apenas 12 y medio millones de marginados. Como le explicó Meade a Pablo Hiriart en una entrevista por canal 40, el chiste está en que la ONU considera como pobres solo a las personas que viven con menos de un dólar con 25 centavos al día, es decir, los que no tienen ni “la capacidad de adquirir las calorías necesarias para su movilidad cotidiana”; mientras que el Coneval no solo toma en cuenta el ingreso, sino también el acceso a la alimentación, la educación, la salud, la seguridad social, la vivienda y los servicios en la vivienda. O sea, que los jodidos mexicanos son “pobres de lujo”, mientras que los del resto del mundo, son simples jodidos.

Los recién llegados de 2012-1014

Cuando se tocó el tema de los dos millones de mexicanos que ingresaron a la marginación en el período 2012-1014, Meade dijo que ese no era un asunto de pobreza sino de precios. O sea, que hay una línea de ingresos –dos mil 600 pesos mensuales- que divide a los pobres extremos de los pobres moderados. Lo que ocurrió en el lapso de referencia, fue que subieron los precios y dos millones de pobres moderados no pudieron comprar lo que acostumbraban. Si bajan los precios, y pueden comprar más cosas, los pobres extremos se vuelven pobres moderados. Es todo.

Entra la inflación

El excelente equipo de imagen del doctor Agustín Carstens armó ayer tremendo alboroto cuando la tasa de inflación anual bajo por quinto mes consecutivo y se estableció en el mínimo histórico de 2.52 por ciento, medio punto por debajo de la meta del tres por ciento fijada a principios de año.

Evidentemente, hay una correlación entre la inflación y los precios al consumidor final. Si baja la inflación, bajan los precios. Si bajan los precios, retomando las tesis del secretario Meade, hay menos pobres.

Esto lo tocó con el pétalo de una estadística el secretario de la Pobreza en algún momento de la entrevista televisiva, al aclarar que el incremento de dos millones de mexicanos con carencias entre 2012 y 2014 es un problema, pero no tan grande como parece, pues surge de mediciones que responden a dos realidades distintas, y por ello se debe trabajar en tener mejor coordinación dentro del Gobierno (nos imaginamos que para publicar las mismas cifras).

Buenos días. Buena suerte.
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