imagotipo

El secretario no come ceniza

  • Salvador del Río

  • Salvador del Río

Para entrever y anunciar lo que ocurriría en la economía tras la incertidumbre de los primeros días del año, el secretario de Hacienda, José Antonio Meade no necesitaba los poderes adivinatorios que se atribuyen, según una antigua conseja popular, a la ingesta de ceniza. Nada de eso, solo perspicacia política y conocimiento de los avatares de la economía y el mercado.

El valor del peso frente al dólar se recupera. Ceden las presiones inflacionarias. Avanzan los proyectos para nuevas inversiones. Los mercados se tranquilizan. La economía se encauza por la relativa normalidad que permite la volatilidad en el mundo. Se diría que los pronósticos para esta situación hechos en los momentos más álgidos del comienzo del Gobierno de Donald Trump y las reacciones por el incremento de los precios de las gasolinas en México, son obra de adivinación.

Pero no. Quienes calcularon con fundado optimismo lo que ya está ocurriendo en la economía advirtieron que tanto las presiones inflacionarias por la liberación de los precios de los combustibles como los efectos de las amenazas de Donald Trump, cederían en unas cuantas semanas.

El Presidente de Estados Unidos tiene frente a si la resistencia de una buena parte del Congreso de su país, incluidos algunos de su partido y ha debido suavizar sus posturas drásticas en proyectos como el ya derrotado intento de echar abajo el programa de salud conocido como el Obamacare. La construcción del muro en la frontera con México podría derrumbarse antes de poner cimientos, en la posibilidad de que el Congreso no apruebe los recursos para esa barrera fronteriza.

Como seguramente, sin necesidad de comer ceniza, lo previeron las voces que confiaban en una negociación menos ríspida que las amenazas de Trump para la revisión del Tratado de Libre Comercio, se contempla desde ahora que las pláticas para la modernización de ese instrumento seguirán un cauce institucional sobre bases que beneficien a los tres países.

Contribuyen a ese cambio en las perspectivas de la relación entre México y Estados Unidos, por una parte la firmeza y determinación con la que el Gobierno de México ha manejado las posibilidades de entendimiento y por la otra el hecho de que en el propio equipo de Donald Trump parece prevalecer la mesura que lo convenza de la imposibilidad de llevar adelante sus propósitos, no solo frente a México sino en otras partes del mundo. Las uñas de la fiera se liman y pierden fuerza ante la realidad.

Tanto en lo nacional como en la relación con Estados Unidos es ese el panorama que sin necesidad de la magia de la adivinación debió haber sido percibido desde los primeros días del año. Ciertamente, 2017 no será un año fácil para la economía del país. No lo será tampoco para otras economías en el mundo.

Por lo que se refiere a México ésta es también una de las previsiones que con toda certeza se hicieron, independientemente de la incertidumbre provocada por las amenazas de Donald Trump. Como lo ha señalado el presidente Enrique Peña Nieto, aun en estas circunstancias la economía de México no se ha detenido aunque su crecimiento no ha sido el óptimo ni lo será en los próximos meses. El crecimiento del producto interno bruto se mantendrá en bajos niveles, la inflación cederá en una proporción razonable pero se mantendrá durante todo el año.

Quienes así lo percibieron y lo pronosticaron estaban en lo cierto. No se trataba de una postura falsamente optimista ni de una irrealidad sino de una certeza que ha ido avanzando paulatinamente en medio de la incertidumbre que, según lo demuestran los signos de la economía, gradualmente se disipa.
Srio28@prodigy.net.mx