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El sentido común de las redes / Federico A. Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

Las redes sociales, como tal cosa, no tienen códigos de etiqueta, ni reglas sobre su uso ni mucho menos censura. En lo personal estoy totalmente de acuerdo con ello y creo que así debe ser. El fin último de las redes sociales es establecer nuevos canales y formas de comunicación aprovechando la tecnología que está al alcance de la mano (me refiero a los teléfonos inteligentes, por ejemplo). Las redes han servido para denunciar extorsiones, para ventilar abusos de poder, para exhibir conductas inapropiadas, para evitar censuras de los Gobiernos, para contraponerse a las políticas prohibicionistas del oficialismo en muchos países, etc. Pero también es claro que las redes, al no contar con un protocolo definido sobre su uso, también es fácil que se sobredimensione la utilidad de las mismas, y se vulneren derechos fundamentales de las personas.

Me refiero específicamente al caso del “city manager” de la delegación Miguel Hidalgo en la Ciudad de México. Se le ha cuestionado hasta el cansancio sobre si debe o no debe usar “Periscope” para exhibir conductas de la ciudadanía que no son apropiadas, o que contravienen las normas básicas de civilidad en la demarcación (por ejemplo, la señora que tiraba basura en un lugar indebido y que fue detenida y remitida al juzgado en la Delegación por ello). También está el caso de los “guaruras” estacionados en Paseo de la Reforma, bloqueando el paso y rompiendo las normas. Algunos medios titularon al patrón de dichos escoltas como #LordMeLaPelas, haciendo alusión a su florido lenguaje. Pero la pregunta de fondo es: ¿tiene derecho el funcionario público a exhibir a los ciudadanos, aunque estén cometiendo una falta? Creo que no. Al menos no así y no sin un protocolo debido. Otro caso es el del Ferrari del Viaducto Tlalpan, cuyos escoltas golpearon a un conductor de Uber (#LordFerrari); pero aquí no fue un funcionario, sino un ciudadano quien lo grabó. Si no fuera por las redes, nadie hubiera sabido del caso. ¿Es justificado que el patrón del escolta golpeador alegue que no sabía nada y que despidió a su “guarura”? Creo que no. ¿Es el escolta un reflejo del jefe?

Pero el caso no solamente se aplica a los ciudadanos: también los funcionarios padecen del mismo mal. No solamente los escoltas deberían ser mejores que sus jefes, sino también los servidores públicos. Me queda claro que la línea de Gobierno de usar “Periscope” en la delegación Miguel Hidalgo viene desde arriba, donde su delegada utilizó deliberadamente esta herramienta para ventilar un poco lo que sucedía en la fiesta de cumpleaños del “Jefe” Diego Fernández de Cevallos. El festejado posteriormente mostró su molestia y dijo no estar de acuerdo y ofreció una disculpa a los invitados por tal situación.

Al final del día, el city manager no hace otra cosa diferente de lo que hace su jefa. Pero no por ello está bien. Quizá no está mal utilizar las redes para mostrar el abuso, pero queda claro que hacen falta protocolos de qué se puede hacer y qué no. Ahora bien, ante la duda creo que las redes sociales deben usarse de la misma manera en que cualquiera se comportaría en persona en el ámbito social. Si uno no le falta al respeto a otra gente en una reunión, o lo exhibe públicamente en una fiesta, quizá tampoco sea correcto hacerlo en las redes sociales. Creo que Zygmunt Bauman tenía toda la razón, y las redes sociales son una trampa que, en ocasiones en lugar de acercarnos, nos alejan más.

www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información