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El sexo tiene poder, pero el poder no tiene sexo / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

Decía Katherine Graham, editora durante 38 años del periódico argüiblemente más influyente del mundo, que el poder no tenía género, que no era ni masculino ni femenino, ni macho ni hembra. Y nadie podría discutirle a la señora Graham su autoridad para opinar sobre el poder. Recuérdese que logró hacer del “Washington Post” un ariete tan formidable que, bajo sus embates, la clase política más sólida del mundo se cimbró cientos, miles de veces, y que, al menos en una ocasión, logró que el personaje que en aquellos momentos ostentaba el título de “hombre más poderoso del mundo” – denominación habitual, aunque cada vez menos realista, de quienes ocupan la Presidencia de Estados Unidos – fuera procesado criminalmente, y tuviera que abandonar su cargo, reducido a la condición de
delincuente común.
¿Calladita se ve más bonita?

Viene lo anterior a cuentas porque, como se sabe, el Consejo Político Nacional del PRI instruyó, mediante un acuerdo, que la postulación de candidatos para las elecciones de 2016 deberá respetar la paridad de género en la integración de las planillas.

Carolina Monroy del Mazo (cuyo admirable hermetismo se debe seguramente a coquetería: alguien le dijo que calladita se veía más bonita), secretaria general del CEN, tiene afirmado que el PRI será el primero en establecer la paridad de género en los comicios del 2016.

Así, se garantizará que el 50 por ciento de candidaturas corresponderá a cada género, y que los suplentes sean del mismo que los propietarios.

Admirable todo lo anterior, pero en vegadas, el camino de la política está empedrado de crueles aritméticas. Por ejemplo ¿cómo se propone la bella Carolina repartir las 13 candidaturas gubernaturales que se disputarán el próximo año? ¿Siete mujeres y seis hombres, o siete hombres y seis mujeres, o una inusitada apertura a la política mexicana de un integrante de la comunidad LGBT que salga del closet para la ocasión, o que ya esté ocupando su merecido lugar en la sociedad?

Soy un intenso admirador de las mujeres, creo, con Valéry, que son la única porción del paraíso que podemos conocer en este mundo, y estoy convencido de que se han ganado con creces su protagonismo tanto en política como en cualquier actividad humana. Pero ni tanto que tateme a la divina imagen, ni tanto que la deje en un bache de la CFE. Por más que sus talentos sean universales y eternos, la experiencia de las mexicanas en el ejercicio copioso del poder es reciente. Y el ejercicio del poder, como el de cualquier otro arte – o quizá más que el de cualquier otro arte – requiere la práctica, la experiencia, la pericia del profesional. La paridad de género debe aplicarse con respeto a la norma, pero sin sacrificios estériles. Si el PRI, o cualquier partido, tiene uno o varios candidatos a gobernador que son cinchos, pero ya está superada la tasa genérica, pos ni modo: hay que recordar que la obligación de los partidos es la conquista del poder. Esto vale en todas las proporciones. No se trata nada más de sacrificar mujeres por hombres aunque, desafortunadamente, será lo más frecuente.

Buenos días. Buena suerte.

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