imagotipo

El terrorismo, como delincuencia / Poder Nacional / Javier Oliva

  • Javier Oliva Posada

En lo que va de 2015, de acuerdo con los datos de la Oficina Federal de Investigación (FBI) de Estados Unidos, se han cometido contando la masacre del miércoles 2 en San Bernardino, California, 356 actos criminales en donde han habido por lo menos, 4 muertes. Ahora, el presidente Barack Obama decretó cuatro días de duelo nacional. ¿Ante que situación estamos? Pues, si bien las investigaciones se encuentran en curso, algunos datos inquietantes comienzan a aparecer.

El primero que me llamó la atención, fue que se trata del primero desde 1985, en donde actúa más de un asesino. Es decir, en esta ocasión, las 14 personas asesinadas, lo fueron por al menos dos personas, una pareja. Lo segundo notable a considerar, es que si bien se trata de una hombre de ascendiente musulmán, Syed Farook, fue su recién esposa, Tashfeen Malik, a quien conoció en un reciente viaje a Arabia Saudita, lo que aún sin concluir, genera sospecha de algún lazo o relación con alguna expresión organizada de la violencia extremista de inspiración islámica.

Es muy importante, ni precipitar conclusiones ni lanzar acusaciones, dada la ola de atentados terroristas que se han vivido a lo largo de este 2015. Las policías local y federal encontraron en el dominio de la pareja, armas, material para fabricar explosivos y munición. Aunado a otros datos, es probable que la masacre haya sido premeditada, dados los artefactos explosivos encontrados tanto en el lugar de los hechos, como en el interior de auto alquilado por Farook. Con estos elementos, no hay duda, que el espectro de análisis criminal y psicológico para las autoridades del Estado de California y de Estados Unidos, implica un ascenso muy importante en cuanto al grado y proliferación de amenazas calificadas como “terrorismo interno”.

La relación entre el activista de una organización terrorista y un delincuente, es que requieren de la cobertura que de alguna forma se las proporciona su organización. Ambas estructuras, conviven en el mundo de la ilegalidad. Requieren de los mismos insumos (armas) para realizar sus actos. Estas dos características, les acercan a pesar de sus muy diferentes objetivos. En Estados Unidos, es muy probable que el acto criminal de San Bernardino, sea el impulso que se requería para discutir la posibilidad de una ley que restrinja la adquisición de cierto tipo de armas.

México tiene una larga, dolorosa y dramática historia en cuanto a masacres. Es cotidiano enterarnos de alguna. La adquisición de armas, no ha sido hasta el momento, un obstáculo para que las bandas criminales asesinen sin límite; el ambiente de temor, desconfianza e incertidumbre, se mezcla con la evidencia muy lamentable, de que no hay indicios de que la situación vaya a mejorar, a menos que no sea con base a la presencia y acción de las Fuerzas Armadas. No son casos ni lejanos en su naturaleza ni en cuanto a distancia. 356 masacres en un año, nos remite a reconocer que el clima de violencia tanto en Estados Unidos como en México, demanda mucho, pero mucho más que
lamentaciones.

Por eso es fundamental tratar estas situaciones desde la perspectiva de la inteligencia y la sistematización de la información. En cualquier caso, la autoridad, aquí o allá, tiene la capacidad y los recursos legales, para recuperar el funcionamiento de los sistemas sociales. Es una tarea esencial en donde las libertades democráticas van de la mano de las capacidades cívicas de la ciudadanía.

javierolivaposada@gmail.com