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El tiro por la culata / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Al exlíder del Partido Verde Ecologista, Arturo Escobar, le salió el tiro por la culata. Creyó que nos había visto la cara de tontuelos y que se saldría con la suya. El papel de apéndice priísta le serviría de escudo.

El Verde logró concitar en su contra, a la mayoría de la sociedad. Escuché a cientos de personas indignadas con sus vergonzosas trampas y, sobre todo, con el hecho de que se les dejara el registro.

Soltaron dinero a rabiar, ajenos al cambio en la mentalidad popular, que ya aprendió la lección: ahora, toman las dádivas y votan por quien se les viene en gana, a pesar de que algunos sátrapas militantes los obligan a tomar una foto de la boleta. Al recibo de la constancia se entrega el premio en efectivo.

Más de un ciudadano, indispuesto por vender su decisión, echa mano de alguna otra tranza, para aparentar que cumplió con su compromiso. La compra del voto se dificulta, a pesar de las marrullerías de quienes tienen las neuronas atadas a las ancestrales alquimias.

Tarde o temprano acabamos enterándonos de los desgarriates electoreros. Basta con recordar a Monex, las tarjetas Soriana y demás porquerías, sin que fueran exclusivas del tricolor. Con su mancuerna Verde tuvo de sobra. Otros institutos políticos, tampoco se quedaron cortos y así López Obrador alardee de que él no le entra a esos enjuagues, el INE es testigo de las inconsistencias contables de su entonces patrocinador, el PRD. ¿Con Morena habrá transparencia? Tampoco lo creo.

Vivimos habituados a “verle la cara”, al que se deje y si se repasa la larga lista de multas impuestas por el INE, se podrán corroborar los trastupijes administrativos, de quienes se gastan nuestros impuestos. Al fin y al cabo no sale de su bolsa, sino que “entra”, gracias a la generosidad de un congreso que facilita el que tengamos el segundo lugar mundial, en el gasto electorero. O, ¿quiénes aprueban el presupuesto?

Al señor Escobar ya lo habían encontrado con las manos en la masa. En el 2009, en el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez, cargaba un millón cien mil pesos, en una elegantísima bolsa de Louis Vuitton.

¿Tiene algún mérito este alumno destacado del –ya no- niño verde, Jorge González Torres? El de leguleyo. De las pobrísimas filas, del organismo que puede ser cualquier cosa menos ecologista, sobresale por su capacidad de oratoria, así no diga más que sofismas. Cuando menos se presentaba con un barniz externo, que lo hacía parecer como un político.

Si se compara con su jefecito de oro –González Torres-, da la impresión de ser una luminaria. En cuanto a las propuestas de su partiducho, esperpénticas. Lo mismo pedían la “pena de muerte” -erradicada en casi todo el planeta-, que se fueron contra los circos y los obligaron a quitar a los animales.

Durante el proceso electoral del 2015, llegaban mochilas con el logo verde, útiles, tarjetas con créditos y boletos para el cine. Les advirtieron que estaba prohibido y, ni caso hicieron. Les plantaron multas fuertes que luego, con su típica benevolencia, el INE les rebajó.

El tema parecía olvidado, cuando la Fepade (Fiscalía de delitos electorales, dependiente de la PGR), solicitó la orden de aprehensión. El juez tiene 10 días hábiles, para otorgarla o desecharla. Habrá que esperar, aunque para enviarle el expediente, la Fepade debió contar con pruebas firmes.

Hay quien lo ve como un ataque a su mecenas, Osorio Chong. Otros especulan que se peleó con el Niño Verde. Da lo mismo: el proceso le devolverá a la sociedad, un ápice de esa confianza, por completo, perdida.

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