imagotipo

El TLC y Guajardo

  • Jaime Alcántara

Las cartas están echadas, la renegociación camina. El TLC nos unió. Nada que nos pueda dañar, es la postura.

“Ganar, ganar”, fue la respuesta de Ildefonso Guajardo, cuando le preguntaron su opinión acerca de lo que significaba bajar el déficit comercial, de los Estados Unidos, ordenado por el Presidente norteamericano a sus negociadores.

LA EXPLICACIÓN ES SENCILLA

Nada se puede hacer al respecto, si nos regimos por las reglas del mercado. A quién o a qué producto puede pedírsele que baje de precio o se abstenga de participar en este nuevo mundo globalizado, donde sólo la competencia es lo que campea. Y, ganar, ganar, es para todos los jugadores, dependiendo de sus capacidades.

Así lo ha demostrado desde que fue puesto en marcha este mecanismo que ha podido mover a prácticamente todos los sectores y, con ello, la mejora en muchos de ellos, el abatimiento del desempleo, que amenazaba con ser una hecatombe, después del surgimiento de “la venta de aire”, de las nuevas tecnologías y la abrupta irrupción de negocios que apenas si precisan de unos cuantos operarios para mover las computadoras, como Amazon, YouTube, Facebook, es una respuesta. Lo mismo en la Unión Americana que en el resto del mundo.

Nuestra capacidad de asombro, una vez más, ha sido puesta a prueba y la turbación duró muy poco.

También tenemos capacidad de recuperación. Los mismos factores que desenfrenaron la caída del peso, por ejemplo, han sido sus mayores impulsores. Cuenta, por supuesto, el manejo interno de las finanzas, la política, la economía; aún la sociología, los que han regresado la moneda a los tiempos pre-Trump.

Al manejo casi impecable de las prenegociaciones con los otros países firmantes, el secretario de Economía, empero, enfrenta un gran problema impredecible: Trump.

Como todo, allá y aquí, el neolonés ha tenido que encarar presiones, pero su conocimiento político y operativo de todo esto que se mueve alrededor de este gran negocio para la América del Norte, le ha permitido salir bien librado.

A nadie es ajeno que aquí, tanto los empresarios como aquellos empeñados en que todo salga mal, hayan hecho sentir su presencia. Y, digamos, que todos tienen razón, dependiendo de sus intereses. Y, a ellos, son a quienes debe resistir.

Guajardo, casi sin decirlo, sin oírse, ha logrado que colectivamente miremos en el mismo sentido, sin importar en qué color se milite.

La implementación de los trabajos previos al TLC, ha logrado que este mecanismo nos una como casi ningún hecho, de este tipo.

Claro que hemos visto/oído, que “después del ’18, que algunas áreas de la economía, que no se ceda en el capítulo XIX del Tratado, que…” pero, nada que la apenas notoria mano invisible de las negociaciones no haya podido superar.

Y, uno a uno, por separado y, a veces, en conjunto, se han ido venciendo las creencias de que nosotros somos los únicos que hemos ganado en este juego. El último, el de la agricultura, que tanto puede influir social y económicamente en la vida de nosotros, ha sido otro paso en la dirección correcta.

Pues bien, dijera el Vate, con todo ello, no se pueden echar las campanas al vuelo. Faltan muchas batallas por ganar. Aun así, hemos visto a nuestros negociadores con la capacidad suficiente para enfrentar los desafíos.

NO HAY IMPROVISADOS

Solo hay algo que ni Guajardo, ni nadie, puede predecir: el estado de humor de Trump.

Esperemos que, al final, algo le haga la vida amable, para que no vuelva la vista a lo que, seguramente beneficiará a todos.

jaimealcantara2005@hotmail.com