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El trabajo es dignidad: Francisco

  • Jorge Sandoval

POR JORGE SANDOVAL G.Corresponsal

CIUDAD DEL VATICANO. (OEM-Informe).- Entre los temas que han encontrado prioridad en la agenda del papa Francisco, está el relativo al mundo del trabajo. En sus casi tres años de pontificado, ha sido incansable en subrayar el “connubio inseperable” entre la dignidad y la persona, denunciando con fuerza al mismo tiempo el desempleo en particular el juvenil, así como la explotación y la “esclavización” registrada a menudo en este campo.

Ya poco después de haber sido elegido (el 13 de marzo de 2013), dirigiéndose a un grupo de obreros de Cerdeña el Papa condenó a “los sistemas injustos que quieren robarnos la esperanza” y antes del primero de mayo del mismo año pronunció una dura condena contra “el trabajo que esclaviza”, lanzando contemporáneamente un llamado “para que siempre sea tutelada la dignidad y la seguridad del trabajador”.

A partir de entonces las denuncias de Francisco se han subseguido incesantemente en sus audiencias, en los “angelus”dominicales y en sus misas matutinas en la capilla de la Casa Santa Marta, residencia elegida por el Pontífice argentino, e inclusive cuando pronuncia su discurso anual para la Jornada de la Paz, que la Iglesia celebra cada primero de enero.

En estas últimas ocasiones, como en el inicio de 2016, Bergoglio citó las causas que llevan a las diversas formas de esclavitud en el mundo de hoy, precisando que “entre éstas en primer lugar está en la pobreza, en el subdesarrollo y en la exclusión, especialmente –subrayó- cuando se combinan la falta de acceso a la educación con una realidad caracterizada por escasas, por no decir inexistentes, oportunidades de trabajo”.

Por lo tanto, para Francisco pasa por el trabajo la vía del repunte económico y social y sobre todo, de la afirmación del rol que la persona debe tener en la sociedad.

En sus discursos sobre este tema, no se cansa de repetir que “el trabajo llena al hombre de dignidad, da la capacidad de mantener a sí mismo, a la propia familia y de contribuir al crecimiento del propio país”.

Cabe recordar que también el pasado primero de mayo, que la Iglesia  celebra como la fiesta de San José Trabajador, Francisco definió que el trabajo “es sagrado”, precisamente porque expresa la dignidad de la persona.

Varias veces, Bergoglio se ha referido a las dificultades que en numerosos países enfrenta el mundo del trabajo y de la empresa, así como a quienes no tienen un empleo, “debido con frecuencia –ha explicado- a una concepción  economicista de la sociedad, que busca la ganancia egoísta más allá de los parámetros de la justicia social”.

Durante una reciente audiencia general, Francisco se refirió a tres argumentos “príncipe” de su pontificado: trabajo, familia y tutela de la creación. Cuando “el trabajo –precisó- es rehén de la lógica de la ganancia y desprecia los afectos de la vida, el envilecimiento del alma contamina todo: el aire, el agua, la hierba, el alimento”, agregando que las consecuencias afectan sobre todo a las familias pobres.

En otra ocasión, citando a San Pablo, el Pontífice dijo: “quien no quiere trabajar, tampoco coma”, subrayando que “hoy un cambio hay personas que quieren trabajar, pero no lo logran y fatigan inclusive para comer”.

Para Francisco, lo más bello que se puede decir de una persona seria y honesta, es decir que se trata de “un trabajador”, añadiendo que “el trabajo, en sus mil formas, a partir del que se hace dentro de una casa, también se ocupa del bien común”.

Cuando habla del trabajo, Bergoglio une los aspectos espiritual, social y material, como cuando afirma que “el trabajo no es solamente una vocación de cada persona, sino la oportunidad de entrar en relación con los demás. Precisa que “el trabajo debería unir a las personas, no alejarlas” y dice que ocupando el trabajo tantas horas del día, “se nos ofrece también la ocasión para compartir lo cotidiano e interesarnos de quien está al lado de
nosotros”.

Como el más explícito y directo de los líderes políticos y sindicales, el líder espiritual de casi mil doscientos millones de católicos, afirma que “la justicia humana pide el acceso al trabajo para todos” y recuerda que en Europa casi el 50 por ciento de los jóvenes con menos de 25 años está desocupado”, los cuales –sentenció- están expuestos al riesgo de las dependencias (como la droga), de las enfermedades psíquicas e inclusive al drama del suicidio”.

Se podría decir que Bergoglio sintetiza su punto de vista cuando afirma que “el trabajo no es un don gentilmente concedido a pocos recomendados: es un derecho para todos. El trabajo es dignidad”.