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El último año / Federico A. Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

Ha llegado el 2016 por fin y vendrán 366 días nuevos (porque es año bisiesto, recordemos) y con él muchas nuevas oportunidades. Todo mundo ha hecho sus propósitos de Año Nuevo y creo que México también tiene que ponerse a pensar seriamente en los suyos. El año 2016 es el último en términos prácticos que tiene la actual administración para hacer cosas. ¿Por qué? El 2018 será electoral y desde mediados del 2017 todo comienza a orientarse rumbo a la renovación presidencial y legislativa.

Luego entonces le quiero proponer a México 3 propósitos de Año Nuevo, para que pueda dar los primeros pasos para desplegar su potencial:

1.- En primer lugar que en México realmente se castigue la corrupción. Este es el principal mal que nos aqueja a todos. Desde la aplicación discrecional de un Reglamento de Tránsito que no es viable, hasta los grandes casos corporativos de corrupción, este fenómeno es nuestro principal detractor y nuestro lastre más pesado. Si nos concentramos en erradicar la corrupción (pero en verdad, no solamente en apariencia), las cosas para México van a ser diferentes; especialmente en la arena internacional y para la terrible imagen que tenemos frente a otras naciones. Quizá, casi a la par de la violencia o la inseguridad, la corrupción es lo que más afecta nuestra imagen en el exterior. Y ni qué decir de todo lo que cuesta y la incertidumbre que nos genera. La corrupción es también una causa directa de la inseguridad ciudadana.

2.- En segundo lugar creo que México tiene que proponerse usar el 2016 para crear nuevas políticas para nuevas personas. Me refiero a que tiene que dejar de hacer lo mismo para los mismos; desde la aplicación de una política fiscal que solamente exprime más a los que ya somos contribuyentes cautivos y que pagamos regularmente nuestros impuestos, hasta los beneficios para los grandes corporativos que solamente privilegian a las mismas compañías de siempre. También me refiero a que podríamos tener una política exterior más ambiciosa (por ejemplo, para hacerle frente al nefasto Donald Trump) en lugar de seguir nuestra doctrina tradicional de: “no nos metemos con nadie” (aunque nos estén haciendo pedazos). Hay que ser más creativos, más imaginativos y más audaces. Nuevas políticas para nuevos tiempos y para nuevas personas.

3.- Por último, el tercer propósito que le propongo a México es la rendición de cuentas, pero en el sentido de la palabra inglesa “accountability”, es decir, que cada uno se haga responsable de lo suyo. No hablo de la función pública solamente, o de quienes tienen a cargo el dinero. Me refiero, por ejemplo, a la persona que no tira su basura en la calle, que hace su trabajo y llega a tiempo, que no hace trampa en los negocios, que no cobra el “guante”, que es honesto en su trato con los demás, que cuando comete un error lo asume (por costoso que sea), y que toma responsabilidad sobre sus actos. En nuestro país casi nadie asume una posición de esta naturaleza y ésta va de la mano con la erradicación de la corrupción. No puede haber una sin la otra obviamente.

México necesita el 2016 y necesita que el Gobierno, desde su ámbito de acción, haga su parte. Como dije al inicio de este artículo, el 2016 es su último año en términos pragmáticos; pero México también nos necesita a nosotros. La responsabilidad es compartida. Si nuestros propósitos personales están alineados a los de nuestra sociedad, estamos del otro lado. ¡Feliz Año 2016 para todos y que esté lleno de éxito!
www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información