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El valor de la política

  • Salvador del Río

Salvador del Río

Acorde con la atmósfera de unidad que crece en el país frente a las difíciles circunstancias generadas en el exterior, se advierten posibilidades de que en los procesos electorales que tendrán lugar en junio próximo, especialmente en el importante Estado de México, alcancen un grado razonable de civilidad que permita la expresión de los ciudadanos sin mayores dificultades. La política no solo divide, también puede unir.

El proceso electoral en el Estado de México, se ha dicho, será por muchas razones un preludio de las elecciones generales, incluida la presidencial, que se desarrollará en 2018. Sin acudir a pronósticos ni especulaciones sobre el resultado de las elecciones, en la entidad que con 125 municipios y más de 16 millones de habitantes rodea a la Ciudad de México, se advierten elementos que permiten esperar un proceso terso, sin las descalificaciones, los golpes bajos, las guerras sucias que han caracterizado a procesos similares en el país durante los últimos años.

Hasta el momento, existen tres candidatos de sendos partidos para la renovación del Poder Ejecutivo en el Estado de México: Alfredo del Mazo, cuya nominación representa la tradicional unidad y la disciplina que han caracterizado al Partido Revolucionario Institucional desde su creación en 1929. Despejadas las diferencias dentro del Partido Acción Nacional, el domingo pasado fue registrada la precandidatura única de Josefina Vázquez Mota, contendiente por la Presidencia de la República en 2012. Por lo que hace al Partido Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, está claro que la aspirante al Gobierno del Estado de México será la exdiputada y maestra Delfina Gómez; un hombre y dos mujeres hasta ahora inscritos en la lid que culminará el 4 de junio próximo. La presencia femenina junto a la candidatura del aspirante priísta que, según se advierte, cuenta con el apoyo de todos los sectores del PRI, son circunstancias que garantizan, al menos en la perspectiva, un proceso electoral libre de los sacudimientos que han acompañado a la mayor parte de los últimos comicios en el país. Para el proceso electoral del Estado de México queda por definirse la candidatura del Partido de la Revolución Democrática, cuyo peso en algunas zonas de la entidad, específicamente en el oriente, seguramente dará a la contienda una más amplia diversidad de tendencias ideológicas y programáticas.

Otro elemento que permite vislumbrar un proceso electoral civilizado es una nueva actitud por parte del dirigente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, quien en sus últimas manifestaciones públicas ha dado muestra de atemperar la virulencia y la estridencia verbal, incluso con sus acercamientos a diversos sectores empresariales y sus expresiones de apoyo a la unidad a que se ha convocado en los momentos actuales; una unidad –y así parece entenderlo el dirigente de Morena—no en torno al Presidente de la República ni a su Gobierno, sino frente a las circunstancias que se presentan en el ámbito internacional, concretamente frente a la administración de Donald Trump en Estados Unidos.

Como otras medidas y previsiones que se han tomado frente al panorama que presenta la relación con Estados Unidos, la posibilidad que se advierte en los procesos electorales que tendrán lugar en el presente año son cuestiones que deberían ser una norma, una expresión de civilidad, en todos los procesos electorales del país. No ha sido así. La destrucción hasta el exterminio del contrincante han sido instrumentos normales en las contiendas electorales de los últimos años. Hoy, por efecto de las circunstancias difíciles que se presentan, todos los sectores de la población parecen compartir esa necesidad de unidad y de un frente común que nos permita la defensa de nuestra dignidad y nuestra soberanía frente a las acechanzas del exterior.
srio28@prodigy.net.mx