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El vicio de mayo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Antes de despedir mayo, habríamos de hablar sobre una de las celebraciones en su haber: el mes de la masturbación (yo prefiero la palabra onanismo, aunque al conjugarla se escucha terrible, ¿qué tal que le preguntan a uno: usted se onanea? (¡Auch!)…Hablemos al respecto y con calmita.

“Las causas de la masturbación son: eczema, balanitis (inflamación de glande o clítoris), lombrices, malas lecturas, influencia perniciosa del ambiente en que se habita, negligencia de los padres, ropa demasiado caliente en las camas…”, tranquilícense, así lo refiere el Formulario de Medicina de Viena, elaborado por el doctor Wiethe, pero en 1891. Eso sí, esperen a conocer los tratamientos:

“Quinina, marciales y sobre todo vigilancia activa, castigos, lecho duro, hidroterapia fría, cauterización del clítoris, incisión del prepucio por termocauterio, cloroformización, aparato protector de órganos genitales”…

Piensen en ello por un momento. Por aquella época, la práctica se consideraba hábito funesto, un “vicio”, del que sobrevenía una debilidad física y moral. Ciertas ocasiones también, una imbecilidad total o cansancio crónico que llevaba a la muerte. Si bien primero se habló de cuestiones físicas, después se fue ampliando el cuadro, sobre las cuestiones psicológicas. Se hicieron libros –médicos-, describiendo casos terroríficos, que a todas luces, hoy hablarían de imaginación extrema, pero de los galenos, por el simple hecho de intentar reprimir una actividad placentera. Obvio, los doctores jamás se masturbaron. ¡Ajá!

Por fortuna, y así la ciencia lo ha demostrado, la práctica no es dañina. Y tan así es, que hasta su significado ha perdido la carga negativa. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua dice de la palabra masturbarse:“Estimular los órganos genitales o las zonas erógenas con la mano o por otro medio para proporcionar goce sexual”.

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La práctica no fue mal vista, sino hasta el cristianismo. Tiempo en que se condenó, no solo la masturbación, sino también las poluciones nocturnas. Existen datos de que incluso los niños eran amarrados de las manos y/o sujetas éstas con un cordón que llegaba hasta el brazo paterno, para percatarse si se movía en la noche y tener vigilado al adolescente, para evitar se prodigara placer. También usaron candados y aparatos protectores, para que los jóvenes no pudieran tocarse. ¿Barbarie? Suena a un horror o al colmo de la ignorancia…, quizá solo a buscar el control de las vidas humanas, desde siempre.

En nuestro país, no existe gubernamentalmente el mes de la masturbación. Esto surgió en Estados Unidos, hace muy poco, pues seguía siendo considerada una práctica nociva y con muchos mitos alrededor, incluso aquello de que salían pelos en la mano para dar cuenta que uno hacía gala de semejante placer, tan malsano.

No obstante se podrían seguir escribiendo páginas y páginas al respecto, pues aunque esta celebración surgió en aquél país, hace 22 años, aquello que la detonó fue arrollador. Una doctora, Joycelyn Elders, en la Conmemoración Mundial del SIDA, fue cuestionada sobre la práctica de la masturbación. Su respuesta fue: “Creo que es algo propio de la sexualidad humana que debería de ser enseñado”. Esta declaración generó escándalo y la dejó sin el nuevo cargo que había recibido en un hospital. De ese tamaño, hace apenas dos décadas.

Sin embargo, esto sirvió para que una compañía dedicada a la elaboración de juguetes sexuales y a difundir educación sexual, designara al mes de mayo como el mes nacional de la Masturbación en Estados Unidos, con el fin de realizar conferencias y financiar estudios en torno a ella.

Esta práctica ancestral, trae enormes beneficios, más allá de ser sexo seguro (bueno, habríamos de preguntarnos si el autoplacer es sexo), porque desde luego permite el conocimiento de nuestro cuerpo y también el del otro. En el varón, fortalece el sistema inmunológico y protege a la próstata de infecciones; aunque para las mujeres, parece que es mejor todavía, pues combate infecciones vaginales, reduce el dolor premenstrual y combate el dolor crónico de espalda.

Y, ¿qué les cuento? Documentándome al respecto, encontré que los pacientes (algunas ocasiones eran los mismos doctores), escribían sobre la serie de sensaciones que les generaba ese terrible vicio ancestral. Cartas que constituyeron en su momento…, y habría que buscar algunas para divertirse un poco de tanta fiebre, ansiedad y remordimiento, todo un género literario. Y cómo no, ¿acaso el género epistolar no existió desde siempre para hacer que se rindieran otros frente a uno? Y, ¿por qué no también, para sentirse peor uno respecto a sí mismo? Habremos de intentar escribir alguna. En fin…

Hoy existen campañas publicitarias para festejar a solas, en la intimidad de nuestro hogar. ¡Y que levante la mano, aquél que no se ha masturbado! Ya lo sé, nadie entendió la pregunta.

Comentarios: celiatgramos@gmail.com