imagotipo

ELD

  • Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

Una de las causas por las que nuestro país se encuentra en el peor momento de su historia en cuanto al conocimiento y aplicación del derecho, para articular y conducir la vida societaria, es el desprecio y la decadencia de la enseñanza de las ciencias jurídicas. Incluso, instituciones que antaño tuvieron un cierto prestigio, como la Escuela Libre de Derecho, han caído en los más obscuros y viscosos ámbitos de la degradación interna.

Todavía hace poco se ventiló el caso escandaloso de la alumna que murió en un accidente por estar ingiriendo alcohol en exceso con su maestra y compañeros en una cantina cercana a la Escuela, en horas de clase con la propia preceptora que tenía que estar en el aula impartiendo clase. En lugar de ello prefirieron ir a convivir y libar en el tugurio, lo que llevó a la muerte a la estudiante.

Como los maestros no cobran, aparentemente, faltan muchísimo a sus clases y ya se ha vuelto inveterata consuetudo, que mandan ayudantes a dar clase y estos también pecan de un ausentismo exagerado. Otros se quejan de discriminación racial, pero en lo que todos están de acuerdo es en que la escuela, su nivel de enseñanza y la calidad de los maestros han caído a niveles vergonzantes y ello es doloroso y preocupante, pues la Libre de Derecho es una escuela proveedora de abogados para empresas y notarías.

Antes era distinto, ahora su prestigio está por los suelos, quizás Margarita Zavala, quien en privado critica tanto y con justeza el desplome cualitativo de la ELD, haya sido de las últimas generaciones aceptablemente forjadas en esta escuela, donde la corrupción en las calificaciones ha hecho mella irreparable. Los profesores son seleccionados por influyentismo o parientes y es burdo el coto de los notarios.

Y si eso le digo de la enseñanza jurídica en un plantel otrora prestigiado, imagínese como están los cientos de “escuelas” de derecho privadas y públicas de CDMX y de las demás entidades federativas. No solo salen sin saber derecho, sino que ni siquiera saben escribir con ortografía o expresarse con la básica calidad retórica u oratoria como se requiere hoy en el agringado estilo de los juicios orales.

La SEP es incapaz de poner un alto a la decadencia y proliferación purulenta de las “escuelas y facultades de derecho”. Tenemos que ser extremadamente críticos y autocríticos si queremos restaurar el tejido social en torno al “Estado de Derecho” y para ello tenemos que preparar buenos juristas con conocimientos y verticalidad ética. Imposible divorciar estos pilares de la práctica o del “Lawenforcement”, como decimos en Harvard.

Ciertamente sería más sencillo analizar y hacer pinole a cualquiera de las universidades “patito” que tienen escuelas de leyes, pero tenemos que barrer de arriba hacia abajo y para ello tenemos que ser estrictos al máximo con la UNAM, la Ibero, la Anáhuac y la Libre, no hay de otra. Si callamos por pena, por complicidad o acomodo, entonces no tenemos derecho a quejarnos. Nada de que la ropa sucia se lava en casa, se lava donde se puede y en esta época de “transparencia” y “póker abierto” tenemos que escudriñar las causas y cauces de la enseñanza del derecho y su axiología.

Ojalá que los directivos de nuestra entrañable escuela, Libre de Derecho, recuerden lo que postulan: Jusnequeinflecti gratia, Nequeperfringipotentia, Nequeadulterari pecunia debet. “El derecho no debe ser doblegado por el encanto, ni despedazado por el poder, ni corrompido por el dinero”. Cicerón. Debemos transitar hacia un proceso de mayor sencillez, humildad y profesionalismo”.
rojedamestre@yahoo.com