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Elena Garro, centenaria y revoltosa partícula

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

Elena Delfina Garro Navarro, más conocida como Elena Garro, continúa animando controversias como la protagonizada por la dra. Liliana Pedroza versus el aparato cultural mexicano, léase funcionarios de Conaculta.

Hace unos días recibí una notificación de Liliana, era una petición, hecha con meses de anticipación, con la previsión y profesionalismo de la dra. Pedroza. Ella, lectora y estudiosa de las escritoras mexicanas desde hace una década, solicitó la portada de la revista Tierra Adentro correspondiente a la celebración del centenario de Elena Garro, el próximo 11 de diciembre. De forma imprevista, a partir de un cambio de administración de Tierra Adentro, se retractaron del acuerdo previo: negaron la portada para la celebración del centenario de Garro. Pedroza Castillo redactó una carta para el secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa, misma que no contestó ni el día siguiente, ni los posteriores a su recepción en tiempo y forma. Fue necesaria una participación radiofónica de Pedroza con Fernanda Tapia que la directora de publicaciones del Conaculta, Marina Núñez Bespalova, reconsidera otorgar la portada a Garro; luego de varios días de activismo digital y radiofónico, la portada del número 219 de la revista Tierra Adentro será para la partícula revoltosa, Elena Garro.
Vida y obra

Cuánto se esmeran las profesoras y profesores universitarios (al menos los que me tocaron) en separar lo que no es posible disociar. Llegué a la obra de Garro por su “Memorias de España 1937”, libro donde se revela como una escritora con un estilo ágil y desenvuelto. Hace críticas certeras de los intelectuales frecuentados en Europa más las incomodidades de un país en guerra, una etapa por demás difícil la volvieron para mí, cercana y entrañable. Otro libro introductorio a su obra es la colección de ensayos “Seis niñas ahogadas en una gota de agua” de Beatriz Espejo. Llama la atención cómo la describe: como un durazno, con todo y su pelusita, así de dorada era Elena Garro: elegante y provocativa; sin embargo, en el texto de Espejo se notan las señales de debilidad heredada por vía familiar.

Comparto la idea de conocer las claves vitales para descubrirlas en las novelas, cuentos, teatro, ensayo, memorias y reportajes. Una parte de sus lectoras opinarán que los textos deberían ser autosuficientes para su lectura, yo disfruté al leer sobre su infancia y juventud, madurez, amores y desamores, vejez y la relación —pasional e incontrolable— que la unió a Paz hasta el día de su muerte, el 22 de agosto
de 1998.
Políticamente incorrecta

¿Serán sus declaraciones y posturas políticas suficiente pretexto para excluirla del Olimpo mexicano de literatura? Personalmente, considero como justificante el desgastante proceso de autodestrucción de Elena Garro y, de paso, el extraño frenesí de atacar a su ex  marido con todo el rencor acumulado por un divorcio traumático: “Yo vivo contra él (…), hablé contra él, tuve amantes contra él, escribí contra él (…), todo lo o que soy es contra él”. El matrimonio con Paz duró veintidós años, produjo a Laura Helena Paz Garro, conocida por Helena y llamada por Elena Garro “La Chata”. Ambos, Elena y Paz, jóvenes, bellos y capaces parecían en un principio complementarios pero no fue así, el talento ajeno es difícil de aceptar.

Eligió como único enemigo a Paz, escribió contra él, declaró contra él, llenó de veneno sus libros, su vida y a su hija. A veces me pregunto ¿por qué no buscó una terapia de familia? Hoy tenemos recursos para sanar semejantes heridas emocionales, pero en 1949 el cáncer del rencor no era tema para conversarlo con fines terapéuticos, para Garro era mandato irrevocable el desacreditar a Paz, quien se había convertido en personaje con fuero en México, esto es, intocable. Protegido hasta hoy por invisibles hilos manejados por personajes bien identificados.

Nos queda leer la obra de Elena Garro, destacar los valores estéticos y literarios, históricos y míticos, pero también entender que Elena Garro, Helena Paz Garro y Octavio Paz fueron hijos de un tiempo todavía convulso, sin deseos de terminar una guerra familiar y firmar la paz para beneficio de tres personas envueltas en inimaginables rencores, hoy recordados por una relación que más parecía de
intensísimo amor que de odio.
¿La loca de los gatos?

Este episodio, los últimos años de Elena Garro en el departamento de su fallecida hermana en Cuernavaca, rodeada de gatos fue explotado por reporteros ávidos de noticias chocantes. Incluso me da tristeza ver una fotografía de una hoja manuscrita supuestamente orinada por uno de sus gatos… y no me contradigo, arriba escribí “vida y obra”, pero ¿qué necesidad (o “necedad”, detenerse con particular fruición, en los años finales de una escritora genial? Si quieres llegar a ella por los estudios de su vida, te recomiendo “Seis niñas ahogadas en una gota de agua”, los libros escritos por su biógrafa Patricia Rosas Lopátegui a quien la admiración ilimitada por su biografiada a menudo quita objetividad, sin embargo, con motivo del centenario publicaron una antología preparada por Geney Beltrán en Cal y Arena, el libro “Miradas a Elena Garro” comentado en este espacio hace dos o tres semanas.
Leerla, el mejor homenaje

Siempre digo, si quieres recordar con cariño a una persona… piensa en ella, no la olvides. Pero si se trata de una escritora, más que pensarla, hay que leer su obra, estudiarla a fondo, analizar los temas y símbolos recurrentes en sus
novelas, cuentos y teatro.