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Elisa y los Caligramas

  • Ramón Ojeda Mestre

  • Ramón Ojeda Mestre

 

Si algo tenemos que agradecer los mexicanos a los actuales Presidentes de México y de EU es que han ayudado a que se dé una catarsis colectiva que ha permitido drenar las espinas psíquicas y neurofisiológicas que traíamos acumuladas desde hace no sé cuántos años. Todo mundo desahogó todos los corajes y frustraciones que traía y continúa sacándolos de sus más recónditas circunvoluciones cerebrales y hepáticas.

Según la edad y condición socioeconómica o cultural, cada mujer y hombre han venido supurando todo lo que traían desde la época de Ruiz Cortines hasta la fecha, por causas más que justificadas, contra los gobiernos o contra cualquier otro factor o vector empresarial, comercial, ideológico e incluso escolar. Y en muchos otros casos, sin causa válida o de plano acríticamente, hemos sido como los perros de rancho, que solo el que va adelante sabe a qué le ladra, los demás ahí vamos nada más de soflameros.

Pero el hecho concreto es que Peña y Trump nos han servido no nada más de sparrings, sino de una especie de Sigmund’s Freud huehuenches para que desde un hipotético chaiselongue o cheslong como decimos, cada quien saque toda la rabia, frustración o coraje que portaba y con Trump incluso nos ha salido el nacionalismo y el patrioterismo que casi habíamos perdido desde la época de López Velarde, de López Méndez y de López Mateos hasta López Portillo, pero esos son otros López, como López de Santa Anna.

Ahora valoraremos más a nuestras mujeres artistas como la gran pintora, dibujante, escritora, diseñadora y cibercreativa Elisa Salas. María Elisa Regina Salas Ventura, para ser precisos, caligramista, escultora, pintora, escritora y poeta son solo algunas facetas en la vida de la egresada de la ESDAI, una brillante realidad del arte en México.

Se inició en el arte a los seis años, ingresó a un internado en Suiza a los 12, donde escribió su primera novela “Mirada Joven”. A los 16 incursionó en escultura en cantera en San Miguel de Allende, y un par de años más tarde estudió en la Academia de Bellas Artes de Carrara, en Italia, donde aprendió a trabajar el mármol. A los 18 años publicó su segundo libro: “La nueva aldea”, editado en España. A su regreso a México entró a la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), siendo una de las alumnas más jóvenes en el diplomado de composición literaria, poesía, guion de radio y teatro; fue allí donde tuvo su acercamiento definitivo con los caligramas de Apollinaire y Mallarmé, técnica que ha llevado al extremo y se ha vuelto su pasión más grande.

Posteriormente, dedicó más de tres años de su vida a estudiar animación en 3D, ya que desde los 10 años creaba videos en stop motion, cómics y caricaturas. Este amanuense, apasionado por las pinturas rupestres y por los infinitos temas de la sal, quedó tan maravillado, que no puede menos que exigir, a todas las mujeres y hombres inteligentes de estos páramos sufrientes, que busquen disfrutar la obra de esta mujer calámica, de cálamo currente, sencilla en su persona, pero genial en su sensibilidad estética.

Si anda por Los Cabos, podrá admirar su obra desde este miércoles. En su Nahui Ollin, unió dos bellas artes, como la literatura y el arte visual, incorporándose al concepto del arte posmoderno y presentar propuestas nunca antes vistas a partir de recursos existentes fusionados. Sus temas y técnicas han evolucionado al grado de que hoy experimenta con realidad aumentada, grabado digital y métodos plásticos mezclados con todo lo anterior, lo cual aumenta sus recursos para buscar su plenitud.
rojedamestre@yahoo.com