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Emilio, Manlio, los viejitos… / Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

¿Subirán lento las escaleras, como Rocky?

Como antes, definitivamente, no. Son los más viejitos del protagonismo sexenal. Como antes fueron los más jóvenes entre los poderosos.

Emilio Gamboa Patrón. Manlio Fabio Beltrones.

Dos nombres que generaciones de políticos han repetido como quien prende una veladora. Dos hombres de poder que permanecen. Y, ambos, significan, dan sentido al sistema político mexicano.  Que ha tenido, a gustar o no, como columna vertebral al PRI.

Ese partido que cumplió 87 años entre gritos, matracas, y retos inconmensurables. Como dijo Manlio, enfrentan una competencia férrea. Seguramente perderán algunas de las gubernaturas.

Una al menos, seguro, la de Veracruz.  Que se llevará cientos de miles de votos, que podrá definir la elección presidencial por venir.

Y es que contra Javier Duarte es muy fácil ganar. Con el agregado del talento, la perseverancia, de Miguel Ángel Yunes.

Duarte fue candidato del gobernador, de la ausencia de una dirigencia del partido fuerte, de la falta de un priísta en Los Pinos.

Se convirtió en un monstruo porque no tenía experiencia ni capacidad, porque creció a la sombra de Fidel Herrera que utilizó el poder para su beneficio… le copió todo lo malo, que es mucho. Y lo magnificó, como si fuese posible hacerlo. Es inconcebible la incapacidad, la manera en que “desapareció” miles de millones del erario, la inseguridad, el cinismo del gobernador.

Contra eso ninguno puede.

Emilio Gamboa está en su trinchera las 24 horas del día. En el antiguo estilo hace política hasta la hora de comer. Convence, negocia, suma, equilibra. Y como lo ha hecho más de cuarenta años, lo hace bien.

Otro tanto, con una energía extrema, hace Manlio Fabio. Sin calentarse, caliente a perpetuidad. Listo, discreto, a tiempo, sin pelear por protagonismos estériles.

Ambos son el testimonio vivo de la política mexicana.

Y lo son junto, frente, a un grupo de protagonistas del poder que entienden la realidad a su manera, que son más jóvenes, más impulsivos, y sobre todo mucho más ingenuos. Porque solamente así, como ingenuidad, puede calificarse el planteamiento presidencial de que espera ser recordado por sus reformas estructurales y no por Ayotzinapa y/o Tlatlaya.

Ingenuos porque asumen que el pueblo tiene capacidad de entender, porque no ven a la jauría dispuesta a destruirlos, a quemarlos en leña verde por la sola diversión.

¿Puede un partido político que tiene 87 años sobrevivir, ganar, ser la opción de Gobierno en un país de más de 100 millones de mexicanos? De eso trata el esfuerzo de Manlio, de Emilio, de otros… quién sabe si muchos.

En Oaxaca, durante la protesta como candidato a gobernador de Alejandro Murat, generación de nuestros hijos, estaba Manlio Fabio bajo el sol de plomo, parado, escuchando paciente el largo discurso de un PRI convertido en oposición que debe ganarle al gobernador y a la desesperanza acumulada, estaba en su papel… junto a mí una muchacha, tal vez veinticinco, no dejaba de gritar como si fuese un concierto de rock, enloquecida de pasión…

No pude evitar preguntarle por qué lo hacía… Me respondió con cara de asombro, bañada en sudor, a punto de un orgasmo, porque es mi partido…

Tal vez eso sintetice todo. El PRI, envejecido, sigue siendo el partido de muchos millones de mexicanos. ¿Por cuánto tiempo? Depende de las batallas que sepan, puedan ganar, Emilio y Manlio…
En Twitter: @isabelarvide

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