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Empatía

  • Federico Ling Sanz

La empatía es un concepto complicado de llevar a la práctica, pero no de entenderlo. Sin entrar en definiciones rimbombantes, la forma más fácil de definirlo sería: “ponernos en los zapatos del otro”. Algunos diccionarios dicen que es la capacidad de hacer propia la realidad ajena. Me quedo con eso; me parece que todos entendemos el concepto en su forma más básica. Por eso digo que el problema no es captar su contenido, sino llevarlo eficientemente a nuestra vida.

Nuestro nivel de empatía para con los demás está directamente relacionado con nuestro nivel de inteligencia emocional. No se puede tener uno sin el otro. Inclusive me atrevo a decir que la empatía no requiere (en muchos casos) que hagamos algo más que sencillamente entender la realidad de quien tenemos enfrente y comprenderle. ¿Cuántos pleitos y discusiones se podrían evitar si tan solo tuviéramos empatía con las otras personas?

Imaginemos a un matrimonio en donde el cónyuge no se pone en el lugar del otro nunca, o un trabajo donde el jefe no haga suya la realidad de sus empleados y no le importe hacerlos ir a trabajar, aunque tengan una emergencia médica. Eso –además de una falta de empatía– evidencia una falta de inteligencia emocional. ¿Por qué razón sería entonces distinto en la vida pública? Yo siempre he sostenido que todas aquellas cosas que se nos aplican como individuos y que tienen que ver con la lógica, la razón o la ética también se aplican a la política, a la sociedad y a la comunidad.

Pues bien, traigo esto a cuento porque me parece que uno de los problemas más graves de nuestros gobernantes y de nuestros políticos es la falta de empatía; entender cuál es la realidad del país y ponerse en los zapatos del otro. Por ejemplo, durante la semana que termina, uno de los escándalos que surgieron en la prensa fue el tema del espionaje y de si el gobierno compró herramientas para espiar o no a los periodistas, activistas, o era para combatir a los criminales. Sin embargo la narrativa no giró por allí y el titular del Ejecutivo Federal se limitó a decir que hasta él se siente espiado, y que se perseguirá a los culpables de difamar con notas falsas. Creo que en el fondo, lo que denota es falta de empatía para con la población y la tremenda situación de inseguridad, de vulnerabilidad y de incertidumbre que sentimos muchas personas en muchas circunstancias.

La defensa que hace el Presidente del asunto tiene la narrativa al revés. Se pone en el lugar de la víctima y con ello quizá lastime u ofenda a quienes se sienten previamente ofendidos por este asunto. No importa si es el tema del espionaje, si es un tema de seguridad o si tiene que ver con las acusaciones de corrupción. En el fondo lo que está en entredicho es la capacidad de nuestros políticos y gobernantes de ponerse en la posición del otro y de entenderlo. De hacer suya la realidad ajena; la realidad de los políticos ciertamente no es la realidad de muchos mexicanos. Lejos de hacer una buena defensa de estos asuntos, la narrativa está equivocada. Si las cosas en México van a empezar a cambiar, tendremos que ser empáticos y empezar a entender a los demás y hacer nuestras las realidades ajenas. Solamente así podremos revertir el dolor que sienten muchas personas actualmente en nuestra nación.
*Maestro en Análisis Político y Medios de Información

@fedeling