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En busca de la dignidad perdida

  • Joaquín Narro Lobo

El pasado miércoles, el gobierno federal y los gobiernos de las entidades federativas y la Ciudad de México asumieron diversos compromisos frente al innegable hecho de la violencia que en nuestro país se vive en contra de quienes ejercen el periodismo y quienes defendemos derechos humanos. Al evento que denominaron “Acciones por la Libertad de Expresión y para la Protección de Periodistas y Defensores de Derechos Humanos” acudieron la mayoría de las autoridades involucradas en este serio problema que, amén de exhibir frente al mundo nuestras carencias institucionales, lastiman aquello que junto con la igualdad constituyen lo más valioso que tiene el ser humano: la dignidad.

Es justamente ese concepto, el de la dignidad, el que hace tiempo está lastimado en nuestra sociedad y sus individuos. Pocos entienden o quieren entender que cuando una persona es asesinada por comunicar al resto aquello que sucede en los entresijos del poder –político o no–, cuando una persona es torturada supuestamente para resolver un crimen, cuando un defensor de derechos es intimidado por la incomodidad que supone la reivindicación de quienes están en desventaja, cuando un detenido es ejecutado por un falso sentido de justicia privada –no es otra cosa que venganza–, pierden México y su sociedad. Perdemos todos.

Sin lugar a dudas, una de las prioridades que hoy enfrentamos todos, sociedad, gobierno, academia, empresarios, Iglesias, todos, es el de la crítica situación de seguridad que se vive lo mismo en Reynosa que en la Ciudad de México, igual en Cancún que en Culiacán. Periodistas y defensores, pero también el resto de la sociedad se encuentra sumida en una zozobra que no le permite tener certeza de si al final del día algún amigo, familiar o uno mismo habrá sido víctima de una delincuencia cada vez más prolífica por la complicidad de diversas autoridades. El cáncer de la libertad, de la de expresión y de las demás modalidades, es la inseguridad.

Comento lo anterior porque en el fondo hay otro problema aún mayor no solo por su magnitud y alcances, sino porque se vuelve detonador de la inseguridad: la impunidad. Resulta que en México la justicia y la ley son excepcionales no por magníficas y sin comparación, sino por extrañas y escasas. La ley se aplica a conveniencia de quien detenta el poder económico o político y no de quien cuenta con la razón y la verdad. El cáncer de la igualdad, de la de derechos y que tendría que ser la base para las demás, es la impunidad.

Por muchas razones, México es un país en el que la dignidad de las personas y de la sociedad cada día pareciera importar menos. Vivimos con grandes niveles de inseguridad y la impunidad parece cada día ser más la constante. Libertad e igualdad parecieran ser meros conceptos filosóficos y no preceptos sobre los que se funde nuestra sociedad. Dignidad sin contenido, al fin.

Por eso celebro que se busque recuperar la libertad de expresión como punto de partida para recobrar el sentido de dignidad que los mexicanos merecemos. Vamos por la libertad para periodistas y defensores. Caminemos hacia la seguridad de todos. Luchemos contra la impunidad. Vivamos con dignidad plena.

joaquin.narro@gmail.com

@JoaquinNarro