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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia S Corichi García
  • Entre el pecho y el biberón, un falso dilema

Hace poco más de dos años me convertí en madre por primera vez, cuando fracasó mi intención de tener un parto psicoprofiláctico, me propuse lograr la lactancia de mi hijo a toda costa, al menos por seis meses. La decisión puesta en práctica fue tan compleja que muchas veces con lágrimas en los ojos estuve a punto de desistir, desde el dolor intenso que nadie me había advertido en los primeros días –al menos en mi caso, que no en todos-, la falta de conocimiento en el tema, e incluso la perdida de esta milenaria tradición me quedó clara cuando no encontré más de una amiga que hubiera amamantado por un periodo largo y una propensión de muchas personas a pedirme “ser más práctica” y dejarlo por la paz.

Me salvó mi terquedad, el encuentro con grupos de apoyo a la lactancia, el estar fuera de un esquema rígido de tiempo y el ver a mi hijo pegado a mi pecho y saber que estaba haciendo no solo lo correcto, sino dándole un regalo de amor, de vida y de salud. La historia exitosa de mi pequeña hija, de apenas seis meses, a quien sigo lactando al 100 por ciento, es parte de un conocimiento adquirido y de una convicción del tema que me ha convertido en una defensora de revertir las estadísticas sobre lactancia y de darnos esa oportunidad con los necesarios cambios políticos, institucionales y culturales.

En las últimas décadas, la lactancia materna se ha incorporado al debate público en medio de prejuicios, falta de apoyo, críticas e incluso negación, esta actividad entraña ya un discurso sociopolítico que refleja su complejidad en todo su esplendor. En los años 1970-1980 incluso era para algunos feminismos radicales un signo de subordinación y conservadurismo, una visión comprensible cuando por siglos las mujeres eran solo valiosas como procreadoras. Sin embargo hoy, además de un derecho, alimentar con leche materna, se ha convertido en un indicador de bienestar social, toda vez que la recomendación actual de la OMS ha dejado en claro que no se trata de mitos.

La lactancia exclusiva tiene impactos sobre la pobreza, la desnutrición, la salud pública, la educación y el aprendizaje, e incluso sobre el desarrollo sostenible y la reducción de las desigualdades sociales. Los bebés que se amamantan, aseguran su alimentación el primer año de vida, facilitan el proceso de recuperación físico y anímico a sus madres, y se ven incluso beneficiados por el impacto que tiene la ingesta de leche materna en el desarrollo cerebral, y no sólo eso, dicha alimentación les provee mejores defensas y menor riesgo de padecer enfermedades que están poniendo en crisis a los sistemas de salud pública de todo el mundo como lo son la diabetes y la obesidad.

En México como en otros países, el mayor inconveniente de la lactancia materna, ha sido la reincorporación laboral (incluso la no remunerada por la falta de corresponsabilidad en el cuidado familiar), como una desinformación muy grave sobre un proceso que parece haberse olvidado en las últimas generaciones. En España por ejemplo, en los últimos 30 años se transitó de una política en favor de las fórmulas, a una en favor de la lactancia, pues haber optado por las primeras –por la presión del mercado laboral y las farmacéuticas- había tenido nefastos resultados en la salud pública, ya que el aumento de enfermedades, obesidad y diabetes fue considerable.

Lograr una lactancia plena y exclusiva no solo depende de campañas de fomento y concientización, sino de políticas públicas tangibles, que abarquen desde la disminución de las cesáreas, la creación de bancos de leche, la ampliación de las licencias de maternidad y paternidad, el apoyo a la reincorporación laboral, la existencia de lactarios adecuados en los espacios de trabajo, y un etcétera bastante largo que hasta ahora sigue trabado por la falta de voluntades.

Desde la Cámara de Diputados llevo 11 meses promoviendo medidas de avanzada para materializar estos cambios, de las que destaco la ampliación de licencias en cantidad y modalidades, así como la creación de lactarios, mismas que hasta ahora siguen congeladas por falta de voluntades que ponen como pretexto matices económicos que no están poniendo a la lactancia como un asunto de atención primaria a la salud, para muchos, sobre todo hombres, estas cosas no son realmente importantes.

Es urgente una deconstrucción sobre el tema, en la que apremie la vida y salud de madres e hijos, pues de seguir optando por el biberón en lugar del pecho materno, existe el riesgo de llevar a nuestro país a una catastrófica crisis ante el aumento de enfermedades, el colapso de los sistemas de salud, y el aumento de la pobreza multidimensional en los próximos años.