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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia S. Corichi
  • El peor momento de la política exterior de México

 

Sin pensarlo –como se ha hecho evidente- las primeras planas del 1 de septiembre, viraron sus titulares sobre el Cuarto Informe de Gobierno, hacia la pifia de Peña Nieto al haber invitado a Donald Trump a México. El 31 de agosto de 2016, pasará a la historia como uno de los días más vergonzosos para México, uno en el que Enrique perdió con los mexicanos, con Obama y sobre todo con los Clinton, quienes estarán de nuevo en la Casa Blanca y no olvidarán este desaire. El magnate, envestido de la candidatura republicana ha confirmado al mundo lo pequeño que es nuestro Presidente, pues ha sido fácil revirar sus afirmaciones y ridiculizarlo a solo unas horas de reunirse con él; se ha aprovechado de la estupidez de quien la Presidencia de México le queda chica, sin embargo, ha sido este bufón quien lo ha disfrazado de Jefe de Estado, aún cuando las encuestas le daban por muerto.

Sin duda, este episodio es reflejo de esa falta de brújula en la política exterior en nuestro país, característica que lamentablemente nos ha definido desde hace casi dos décadas, pero que hoy, sin embargo, se ha traducido en el peor momento para México en política internacional del Siglo XXI. Hasta ahora queda en el aire la participación y opinión de la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu Salinas, quien amen de los rumores de renuncia, ha enmudecido frente a este momento de crisis para la Cancillería y sin duda para su carrera.

A cuatro años de una política que considera que representar el interés de Estado es hacer ferias en el extranjero, y promocionar al turismo; debo decir que ésta adolece de estrategia, de capacidades e incluso de sentido común, pero sobre todo de respeto a la tradición diplomática, y en ello se lleva entre los pies a ese servicio exterior de carrera que ha entregado su vida a la profesionalización de esta rama.

Las decisiones irracionales de Peña Nieto, han internacionalizado su falta de pericia, su desconocimiento por los procesos que suceden día a día en la arena mundial, e incluso por los propios principios de política exterior. Lejos están los tiempos de Lázaro Cárdenas, en los que la defensa de los intereses nacionales fue prioridad, la época de Gilberto Bosques, en la que el ejemplo de fraternidad nos encumbró como amigos del mundo; hoy los profesionales de carrera son relegados a cargos secundarios, los mayores sobreviven, muchos de ellos a míseras jubilaciones, en lugar de ser tomados en cuenta; en contraste políticos del nivel de Fidel Herrera, exgobernador de Veracruz, se pavonean como cónsules en Europa, dando un vivo ejemplo de la falta de seriedad con la que se conduce la política exterior en México.

En el marco del Cuarto Informe de Gobierno, podemos recapitular que la imagen de México se ha definido en el plano internacional, justamente a partir de los errores de Peña Nieto, desde sus escándalos como el de la Casa Blanca de la primera dama y sus propiedades en Miami, hasta la sistemática violación a los Derechos Humanos, que han llevado a la agenda mundial asuntos como Tlatlaya, Ayotzinapa-donde aún nos faltan 43-, Nochixtlán, etc.

La política exterior de México ha pasado por alto las recomendaciones internacionales en la materia, incluso invalidándolas como vinculantes. El tema ha sido tan fuerte que el propio Departamento de Estado, negó el año pasado a México parte de los recursos que otorga a través de la Iniciativa Mérida para combatir el problema de las drogas, debido a las violaciones de derechos humanos cometidos por fuerzas de seguridad mexicanas.

El regreso del PRI al Gobierno, no materializó como muchos supusieron un regreso a la política exterior institucionalizada, de principios y apegada a la tradición legalista. La administración de Peña Nieto ha demostrado no estar a la altura de estas bases, y de los retos que supone conducir a México en el siglo XXI.

La reunión del pasado miércoles refleja el despropósito de nuestra política exterior, y la grave situación por la que pasa la administración de Peña Nieto (con menos de un 29 por ciento de aprobación), que sin sentido le ha hecho una ofensa a la candidata demócrata, Hillary Clinton, quien hoy no ha dudado en desairarle, pues ha hecho que el republicano crezca en las encuestas hasta ocho puntos según los últimos datos de Reuters.

A México como a su política exterior, le urge gente con oficio, estadista y capaz de hacer realpolitik, pero sobre todo gente valiente que no se acobarde al defender nuestros intereses. Más allá de reconocer que “las cosas buenas importan”, Peña Nieto debería reconocer que importan más las demandas y necesidades de la gente, pero sobre todo más la dignidad de México y nuestros intereses, esos que él hoy ha pisoteado.