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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia Corichi García
  • El “no” que lapida la paz en Colombia

La historia le ha jugado un mal resultado a los más profundos deseos del fallecido Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, quien fuera recordado apenas hace unos días en los discursos que enmarcaron la firma de la paz entre el Gobierno de Colombia con las FARC en Cuba. El resultado en contra de los Acuerdos, es considerado como un triunfo para el conservadurismo encabezado por el expresidente Álvaro Uribe, quien en una actitud enraizada en la más confusa mezquindad ha polarizado y obstaculizado la posibilidad de materializar una tregua en el hermano país latinoamericano.

Desde México, es complejo dimensionar lo que llevó a ese apenas 37 por ciento que salió ayer a las urnas colombianas, a votar mayoritariamente en contra de un acuerdo que tardó cuatros años en gestarse, y que si bien imperfecto -como la propia democracia-, representaba una verdadera y tangible vía para que la paz llegara a un conflicto de poco más de 50 años.

Muchos de nosotros y la comunidad internacional hemos quedado pasmados ante el resultado, muchos han asegurado que incluso ese alto abstencionismo se debe más a una indefinición que a una toma de posición. Sin embargo, la decisión no vinculante ha sido suficiente para que el Presidente Santos, se pronuncie en favor de buscar otros mecanismos, y es que es complejo pensar que después de 4 años se tire por la borda un esfuerzo que incluso fue validado por la Corte Penal Internacional.

Apenas ayer, mediante un pronunciamiento del jefe máximo de las FARC, Timoleón Jiménez, la guerrilla refrendaba su intención de consolidar una paz legítima y congruente, sobre todo porque la amnistía es clave para este proceso, y es que como lo mencionara el propio Presidente de Colombia, es difícil pedir sosiego y concordia, y mandarles al día siguiente a la cárcel.

Diversos especialistas han puesto en relieve que la definición ha tenido un componente geográfico, las regiones rurales en las que se ha vivido intensamente esta guerra con las FARC, es decir las víctimas, han votado a favor del SÍ, mientras que ciudades como Medellín han votado por el NO, en medio de una movilización encabezada por la derecha que ha olvidado paradójicamente aquel discurso uribista, que alguna vez promovió una conciliación a través del enfoque de seguridad democrática.

Y es que esta negativa a aceptar la paz, es unilateral y parece provenir solo de un grupo político: Centro Democrático, quien ha olvidado en sus discursos previos a la votación decirle a la gente, que apenas el sábado pasado, Naciones Unidas había verificado la destrucción de más de 600 kilos de explosivos como un mensaje trascendental de las FARC para consolidar el proceso, y su propia incorporación al sistema político de Colombia.

Decía hace poco Mario Vargas Llosa, que la única forma de saber si los acuerdos de paz funcionarían, sería ponerlos en práctica, tal y como la historia lo retrata en el caso de Irlanda del Norte, en El Salvador y en Guatemala; agregaría yo que incluso tal y como se dio en casos tan brutales como los de la guerra en Bosnia y Herzegovina, dónde el componente racial y étnico configuraron escenarios terribles de violaciones a miles de mujeres, y en el que a pesar de todo se buscó la paz, por más doloroso que esto fuera. Lo menciono porque los Acuerdos firmados en La Habana, consideraran mediante su subcomisión de género, la creación de la Unidad de Investigación y Acusación para casos de violencia sexual, sin embargo y a pesar de ello, Uribe utilizó –sobre todo en las últimas semanas- estos sensibles temas para llamar al NO.

Desde esta columna, hago un llamado para que el proceso de paz salga del espacio político, y se consolide frente a la comunidad internacional. El “no”, tiene un trasfondo claro y son las elecciones presidenciales de 2018 en Colombia, en las que Uribe ha puesto la mira, y que hoy han rebasado al clamor general por una tregua. La paz no puede ni debe supeditarse a intereses oscuros.

Son muchas las cicatrices, las guardias blancas, los muertos de ambos lados e incluso los secuestros, sin embargo, la reconciliación es fundamental. Como alguna vez lo dijo Madiba, es tiempo de curar las heridas, es tiempo de superar los abismos, es tiempo de perdonar y conseguir la paz por más difícil que esto sea.