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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia S. Corichi
  • A 71 años, la ONU recibe a un socialdemócrata

Conocí a António Guterres pocos meses antes del año 2000 cuando siendo primer ministro de Portugal, asumió la presidencia de la Internacional Socialista en un momento en que la socialdemocracia europea estaba en pleno auge; Felipe González era entonces el responsable de un programa al interior de la IS llamado Progreso Global. Varios jóvenes integrantes del presídium de la Internacional Socialista de Jóvenes (IUSY) nos llenamos de esperanza por su discurso y su cercanía, muchos de ellos hoy son actores clave en sus gobiernos. No imaginaba que después de ello hiciera la prolífera carrera en Naciones Unidas, que hoy lo ha llevado al Secretariado General.

La llegada de Guterres, marca un alto nivel de expectativas por su línea progresista y por su apoyo a temas controversiales como lo son la migración, los derechos de reproductivos de las mujeres, o la diversidad sexual, temas en los que el otrora Alto Comisionado de ACNUR se prevé continúe con esa visión. Destaco sobre el caso particular de los flujos de migrantes, que incluso cuando la crispación europea hacia estos ha incrementado, sea António quien ha remarcado que “NO podemos evitar que la gente huya. Sí podemos decidir con qué grado de humanidad los tratamos”.

La ONU que recibe Guterres cumple 71 años, se renueva, pero no se reforma. El constante cuestionamiento sobre el poder de decisión de la Asamblea General, versus el Consejo de Seguridad, juega incluso un papel muy importante en lo que respecta en la resolución de conflictos armados, y me refiero en concreto a asuntos pendientes en la agenda internacional como lo son la continuación de conflictos en regiones del Oriente Medio, Sudán del Sur, el Sahel y otras zonas donde la presencia de misiones de mantenimiento de la paz es una realidad necesaria, como sucede en los casos de la Misión de las Naciones Unidas para el referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), y del Organismo de las Naciones Unidas para la Vigilancia de la Tregua (ONUVT) en Jerusalén.

A la par de esto, Guterres tendrá que hacer frente a los claros cuestionamientos que han surgido respecto de los cascos azules, de su eficiencia, y en el peor de los casos de aquellas situaciones en las que se les ha vinculado con la comisión de delitos. La apuesta de las operaciones de mantenimiento de la paz, debe virar a velar no solamente por el cese al fuego, sino también por la construcción de instituciones en razón de la llamada “arquitectura de la paz” enfoque que aún le cuesta trabajo materializar a la ONU, sobre todo en regiones como Palestina o Siria.

Sin embargo, el modelo de multilateralismo consagrado a través de esta organización, y que ha costado a lo largo de su existencia poco más de medio billón de dólares, no ha podido brindar una respuesta clara a una de las mayores preocupaciones de los países en esta era: el desarrollo.

En sus últimas alocuciones, Ban Ki Moon hizo una obligada referencia a que era tiempo de que una mujer dirigiera la organización internacional por primera vez, muchas estamos ansiosas por que sea una mujer progresista, pues las que estaban siendo postuladas respondían más a un perfil de derecha. El aporte de la ONU al desarrollo y empoderamiento de las mujeres en todo el mundo nos debe eso como comunidad internacional.

Sin embargo, la llegada de Guterres es muy importante, pues su visión y claro apoyo a la igualdad, al desarrollo y a la justicia social, hacen de él sin duda una de las mejores opciones para los años venideros.

Él ya ha puesto en la mesa la reforma de la organización, el tan vigente tema para Europa de la migración Sur-Norte, de los derechos de las mujeres, de los inapelables e impostergables compromisos de las naciones desarrolladas en el tema del calentamiento global, el tema de la diversidad y la lucha contra la intolerancia, la violencia, el extremismo y la radicalización.

El futuro de la ONU está determinado por su disposición al cambio y la innovación; en ellos, el otrora presidente de la Internacional Socialista, Guterres, tiene su mayor prueba y herramienta. Es urgente que sus visiones progresistas permeen, pero para ello habrá que lidiar con el grueso de los miembros clave en la organización que no comparten esa visión en muchos casos.