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En cantera y plata

  • Claudia Corichi

Más desilusiones que sorpresas, elecciones 2016

menos de una semana de celebrar comicios en 12 entidades del país, poco se ha hablado de las malas prácticas en campañas al margen de lo que será una de las más “grises” de nuestra democracia. Este 2016 pasará a la historia por las mismas irregularidades que están diluyendo un modelo democrático superado por el “colmillo” de quienes a hacen campaña en la ilegalidad.

Despensas, toneladas de dinero y campañas negras son los pilares de estas jornadas frente a los grandes problemas del país. En el margen de esta arena, está esa impasible sociedad que en un acto de simulación -en el que tanto partidos y ciudadanía participan-, ha dejado a una especie de laissez faire el rumbo del país, y en el que el desencanto de la gente por la política y el abuso de algunos partidos y sus candidatos, nos aleja cada vez más de la democracia.

La esencia de la reforma política de 2011, impulsada dentro del Senado, fue limitar y transparentar la contratación de espacios en medios de comunicación, sin embargo, y a pesar de la aprobación de la reforma de 2014 donde se buscó visibilizar el uso de recursos públicos mediante la fiscalización de las campañas y los topes de gastos, la eficacia de la ley ha dejado mucho que desear, sobre todo ante las constantes recurrencias del Partido Verde, o las del PRI, que han hecho evidente la discrecionalidad en su aplicación y ante las entrevistas que se venden o las menciones positivas que se pagan por debajo de la mesa. Hoy es más caro que antes salir en medios e imposible de manera democrática. Algo hicimos mal, algo esta muy mal en el sistema.

Los partidos –sobre todo, aquellos con grandes recursos o el apoyo de Gobiernos-, se han beneficiado de esta corrupción, llevando al terreno de los medios un debate “ya comprado”, pues no es secreto que muchos han optado por seguir líneas ante la tentación de acceder a jugosos contratos para los próximos años.

El INE está en el ojo de este proceso, sobre todo porque a pesar de su transformación, el sistema de partidos y elecciones está costando a los mexicanos más de 11 mil millones de pesos anuales, sin que eso se traduzca en avances concretos para la democracia. Ejemplo de ello se da en los procesos para elegir poderes Ejecutivos –estatales o locales- sobre todo porque la gente ya no piensa en quién votará, sino en quien es el menos malo. Entre los Estados más emblemáticos sobre el tema, están Veracruz –con los primos hermanos del sistema que ha dejado un mar de violencia-, Oaxaca –en la lluvia de recursos campañeros en una tierra de miseria-, o Zacatecas –con las evidencias de enriquecimiento ilícito de su actual gobernador y guerra sucia entre candidatos que ha acaparado la conversación electoral-.

Tan solo al corte de la semana pasada, la Fepade daba cuenta de poco más de mil 530 denuncias en este proceso 2016, se trata de casos de turismo electoral, violencia política de género, falsificación y/o compra de firmas para candidaturas independientes y condicionamiento de programas sociales, siendo este último caso recurrente en Estados como Oaxaca o Veracruz, entidades con un gran número de sucesos o los extremos de Tamaulipas, sumido en esta nueva tendencia de campañas y crimen organizado operando con el poder del dinero.

Es lamentable que ante este escenario, las autoridades electorales se limiten a subrayar lo condenable de las campañas negras en la contienda electoral, sobre todo cuando es responsabilidad de esa institución promover la cultura ciudadana, tanto entre electores, como entre partidos. En el margen ha quedado la coincidencia entre los tiempos electorales y los “escándalos mediáticos”, basados en espionaje e intervenciones ilegales de las que se dice ya existe todo un boyante mercado libre.

En México, como en muchos países de la región, el paradigma de lucha del poder parece irse agotando –al menos entorno a los ideales democráticos-, por lo que defender las oportunidades de cambio positivo solo será posible si hacemos que las campañas y la política en general sea más asequible para cualquier sector.

Algo está mal en el interior del sistema electoral de nuestro país, algo ha faltado en esta ciudadanía que componemos todos que hoy sentimos mas desilusión, que ya casi nada nos produce sorpresa, que los villanos de ayer quieren ser los héroes de mañana, que los profetas de antes son los mercaderes del futuro. Algo está pasando donde hacer campañas sin dinero es casi imposible en un país donde la pobreza aumenta y entra en el mercado del juego electoral. Esta antesala del 2018 augura tormenta.