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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia S Corichi
  • ¿El TLC en la era de Trump?

Con la formalización de la administración de la presidencia de Donald Trump y los preocupantes avisos que ha lanzado en las últimas semanas, aunado a la presentación de diversos actores de su gabinete, muchas son las expectativas que existen respecto de cómo podría verse afectado México en la visible renegociación del TLC este 2017.

Hace 23 años, el 1 de enero de 1994 entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el TLCAN (o NAFTA por sus siglas en inglés), instrumento mediante el cual se abrían las fronteras comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá, creando uno de los bloques más importantes del mundo.

Desde su entrada en vigor, el comercio entre los tres países se cuadruplicó al pasar de 297 mil millones de dólares a 1.14 billones de dólares, lo que impulsó la economía de los tres países y redujo los precios para los consumidores. Las exportaciones mexicanas en 1993 representaban 12.14 por ciento del PIB de México, mientras que en 2015 esta proporción alcanzó más de 35 por ciento, es decir, poco más de un tercio del PIB nacional proviene de la venta de productos a otros países.

Destaca en este rubro que México se ha convertido en el principal exportador de vehículos a Estados Unidos y que para 2020 se estima que 25 por ciento de todos los automóviles en aquel país provendrán del nuestro.

Diversos especialistas coinciden que las empresas que exportan a Estados Unidos o que tienen deuda en dólares serán las más expuestas ante las medidas que se prevé implemente la administración de Trump.

Es de recordar que durante su campaña electoral, el republicano afirmó que en caso de ganar la presidencia las compañías que trasladaron empleos a México pagarían un impuesto de hasta 30 por ciento para vender sus productos en el mercado estadunidense. De ser así, diversos especialistas destacan que las cadenas de producción, suministro, entrega y logística de las armadoras que tuvieran que dejar México se verían afectadas, pues diversas operaciones no se pueden realizar dentro de Estados Unidos por temas de costo y eficiencia.

Destacan de entre las industrias más afectadas de materializarse la renegociación del TLC aquellas del ramo automotriz, principalmente las vinculadas al sector de autopartes, pues varias de ellas registraron las peores caídas en la Bolsa Mexicana de Valores desde el día de las elecciones, debido a que podrían ser las firmas con mayor riesgo de darse una renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Otro sector con fuertes preocupaciones es el de las empresas de telecomunicaciones, donde se espera un impacto negativo en la estructura de capital de empresas tan fuertes como América Móvil (Telcel), Axtel, Televisa y TV Azteca, pues se prevé no tengan la liquidez para hacer frente a sus deudas, pues éstas contratan hasta 68 por ciento de sus pasivos en dólares.

Respecto a la industria agrícola se prevén severos impactos a la producción agrícola, pues se espera que Trump lance una campaña de apoyo justo a los sectores rurales que votaron mayoritariamente por él. El caso particular de la producción de aguacates de California, que se verían beneficiados con las políticas del nuevo Presidente Republicano, reviste un problema para la industria nacional, pues el comercio de nuestros aguacates crea casi 19 mil empleos en EU, con salarios de casi mil 200 millones de dólares, mientras que las actividades relacionadas con este fruto en México generan 580 millones de dólares al año en impuestos al país vecino del norte.

Hasta ahora el próximo secretario de Comercio de Estados Unidos –uno de los nombres más fuertes de WallStreet-, Wilbur Ross, ha dicho que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) debe ser modificado y renegociado, situación que parece recibir nula atención desde la Cancillería mexicana, pues a pesar de estas declaraciones y de la visita de la titular de la SRE a Washington en las últimas semanas de 2016; el Ejecutivo federal no ha demostrado tener una estrategia clara para proteger el comercio bilateral y las industrias nacionales, con los catastróficas consecuencias que esto tendrá.

Urge que la canciller Ruiz Massieu comparezca ante el pleno de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados, como estaba previsto se hiciera en noviembre pasado. No podemos permitir que la falta de voluntad política bloquee en estos momentos al interés nacional, pero sobre todo que se nos mantengan ocultas las líneas que habrán de definirse en nuestra política exterior con Estados Unidos, al menos durante los próximos dos años que le restan a esta catastrófica administración.