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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia S Corichi Garcia
  • La flamable alza de las gasolinas

Este año arrancó con un malestar social exacerbado, las calles de todo el país han atestiguado la reacción de la gente ante la desmesurada alza a las gasolinas. Más allá de los saqueos orquestados y sin sentido que benefician al Gobierno federal, la ciudadanía se ha mostrado francamente dispuesta a exigir un alto a esta medida que pretende subsanar las deficiencias de la política económica y fiscal de nuestro país en los últimos años, y la falta de visión de un presidente que la historia juzgara muy pronto, aunque padezca de autismo institucional.

El alza a la gasolina ha sido la gota que parece derramar el vaso del actual régimen. Se ha configurado el mejor escenario para señalar que esta crisis es el vivo ejemplo de una desastrosa Reforma Energética que se logró en disenso, sin plena gobernanza, y que ha tenido sus consecuencias en los peores momentos para México.

Tan solo el último año, la operación del Sistema Nacional de Refinación trabajó a 46 por ciento de su capacidad de producción, situación que bien ha sido señalada por especialistas como una medida para desmantelar por completo esta industria otrora completamente nacional. Fueron la falta de mantenimiento e inversiones, la escasez de crudo ligero, sumado a que nuestro país no ha construido una nueva refinería en casi 40 años, lo que en la actualidad no ha llevado a los mismos volúmenes de producción de combustibles que en 1978.

Con este aumento en combustibles, la actual administración se perfila en este 2017 a elevar la inflación a cifras inesperadas; y es que si bien el efecto real habrá de ser evaluado al cierre del primer trimestre de este 2017, es de señalar que tan solo de 2012 al cierre de 2016, Enrique Peña Nieto aumentó el litro de Magna en 3.04 pesos y el de Premium, en 3.33. El incremento es superior incluso al que se dio durante todo el sexenio de Calderón, donde de diciembre de 2006 a agosto de 2010 el costo de la Magna subió en 1.92 pesos por litro y el de la Premium en 1.75, es decir, los constantes gasolinazos que ha implementado EPN son de casi el doble de lo que significaron para nuestro país en la administración pasada.

Aunque Meade, ahora secretario de Hacienda y Crédito Público, señaló en días pasados que la liberación de los precios de las gasolinas no debe generar ningún impacto en el costo del pasaje de transporte público, la mentira ha caído por su propio peso, pues tanto la CdMx como el Estado de México comienzan a registrar dichos aumentos, este último curiosamente, lugar donde los saqueos y desmanes han provocado la histeria colectiva y el miedo generalizado a meses de que se presenten la elecciones a gobernador.

Y es que no solo es una mala política fiscal y económica las que nos llevaron a esta crisis, sino también la falta de inversión en desarrollo tecnológico que no ha podido llegar ni al uno por ciento del PIB, lo que impide el impulso de alternativas limpias, y por ende, soluciones a una dependencia petrolera constantemente juzgada por el liberalismo de las derechas, es lo mismo que jamás ha aportado apoyo alguno a los escasos esfuerzos sustentables que se dan en el país.

Así, la única respuesta de Hacienda y artífices como el otrora secretario de Hacienda y hoy becario de Canciller, Luis Videgaray, ha sido cargarnos en impuestos ese dinero que hoy escasea ante los bajísimos precios del petróleo, pero sobre todo como una medida para que el Gobierno federal hago justo todo lo contrario de lo que dice: apretarse el cinturón.

Lo subrayé todo 2016 y lo seguiré haciendo en este 2017: los privilegios tales como los seguros de gastos médicos mayores de funcionarios, nos cuestan miles de millones de pesos; mientras que el gobierno no tenga la voluntad de recortarlos, mayores serán las cargas impositivas por las que habremos de responsabilizarnos.

Y es que, atendemos a una despetrolización de la economía forzada, el año pasado los ingresos petroleros representaron menos de 12 por ciento del gasto público, cuando en 2012 significaban cerca de 40 por ciento. No solo ha sido la baja de los precios internacionales del petróleo, sino la incapacidad y falta de voluntad de los Gobierno del PRI y del PAN, por invertir en producción de energéticos.

Hoy las gasolinas en México son más caras que en Estados Unidos e incluso que en Guatemala. El asunto es que la narrativa empleada por Los Pinos distorsiona los efectos de los subsidios a los combustibles, y no deja en claro que no somos competitivos en este terreno, lo que sin duda afectará por completo a las industrias, pero sobre todo a los bolsillos de la ciudadanía que hoy está harta de recibir preguntas en lugar de respuestas a sus demandas.

Todas y todos estamos muy molestos, es imposible que esta alza no provoque inflación, hoy por hoy afecta la economía de la gente que sigue viviendo con uno de los salarios mínimos más pobre del mundo, abajo hoy incluso de Haití y Venezuela, la de México.