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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • El legado de Correa
  • Mtra. Claudia S. Corichi García

Cuando lo conocí en Quito, en el marco de la décima Conferencia Regional de la mujer en América Latina y el Caribe, sus palabras eran tan certeras como emotivas, dejó en mí una increíble impresión de solidaridad con la igualdad. Hoy a días de terminar su pasó por el gobierno de Ecuador, las urnas aun indecisas han obligado a repensar las opciones para suceder a Correa a través de una segunda ronda, mientras que, con el fin de este proyecto, se cierra un ciclo al sur del continente ante la inminente avanzada de una derecha que se perfila cada vez más amenazante para los derechos sociales.

Correa gobernó 10 años un Ecuador que realmente vivió una transformación, y eso sin lugar a dudas le generó también un desgaste que, sin embargo, no atenta contra su figura ni contra su legado. Más allá de los claroscuros, a nivel regional Correa ha sido uno más de estos líderes que en las últimas décadas han marcado historia en Latinoamérica, sobre todo recordándonos aquí en México, la urgencia de tener al frente, gobernantes con el valor para responder a las difíciles coyunturas que nos acechan.

A pesar del revuelo mediático de fechas recientes -plagado del trasfondo electoral-, varios analistas consideran que este gobierno puso en el mapa a los estratos sociales más bajos. Puso en relieve sus necesidades, su importancia macroeconómica y la justicia inherente de incorporales a un ideal de desarrollo que fue más allá de las recomendaciones de algunos tecnócratas, y que ofreció acceso a la salud, a la educación, a un bienestar que es anhelado en todo Latinoamérica.

La Revolución Ciudadana, fue un modelo de gobierno con el que se puso fin a la inestabilidad política de Ecuador, con el que se puso un alto a los intereses desmedidos de algunas transnacionales y a su injerencia. Si bien algunos indicadores muestran esa determinación, como lo es que más de un millón de ecuatorianos superaran la pobreza extrema, o que la desigualdad haya bajado un 17 por ciento acortando la brecha entre quienes reciben más ingresos y los que menos dinero perciben, estos hechos hicieron de Ecuador uno de los países más esperanzadores de América Latina.

El efecto fue igualmente positivo para las clases medias y altas, incluso contra cíclico con lo que sucedía en todo el mundo, pues Ecuador creció en promedio 3,9 por ciento entre 2007 y 2015 de su PIB, comparado con el 2,9 por ciento de Latinoamérica, lo que le permitió a el Gobierno destinar el 9,0 por ciento de su PIB a inversión pública.

Sin embargo, fue quizás su liderazgo internacional, y su capacidad de comunicarlo con la gente, lo que nos llevaremos en la mente.  Su impresionante dominio de las comunicaciones lo han hecho un personaje actual, inmiscuido en las conversaciones de relevancia, alguien que encabeza la voz de los ideales de la izquierda en Sudamérica, y en ello destacan su interés por la integración regional, por la defensa de la soberanía de nuestros países, por las alternativas de desarrollo, por el diálogo y por la paz.

Desde México, agradezco las lecciones de hermandad y de justicia, que Correa ha dejado nuestro pueblo como una especie anecdotario en el que han escrito Lula da Silva, Hugo Chávez, y José Mújica, líderes que nos recuerdan a cada página de la historia que siguen escribiendo, que es posible un mejor futuro para nuestro país.