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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Mándalos a volar
  • Claudia S. Corichi García

Los constantes abusos de las aerolíneas en México son apenas la punta de lanza de las graves deficiencias del sector de las comunicaciones. Las desapariciones de rutas aéreas, las sobreventas, así como los cada vez más comunes costos extra, dan cuenta de que la industria de transporte aéreo no puede despegar ante el terrible rezago que padece, y que no parece ser corregido aun cuando la construcción del nuevo aeropuerto nos costará casi 200 mil millones de pesos.

En México, el desarrollo del transporte aéreo se inició en 1924 con el trayecto México-Tampico. No fue sino hasta 1927 que se pusieron en funcionamiento los primeros aeropuertos, el de Pachuca, Guadalajara y Torreón; y el de la Ciudad de México que se inauguró hasta 1929. Hoy se calcula que solo el 23.8 por ciento de la población mexicana ha viajado alguna vez en avión.

Sin embargo, tan solo en los últimos 10 años, cerca de 20 aerolíneas como Taesa, Aerocalifornia, Avolar y qué decir de Mexicana, desaparecieron del mercado nacional, ya sea por el deterioro de su liquidez, su alto nivel de deuda, las crisis financieras a nivel global y la corrupción. A esto habrá que sumar también, la pérdida del capital interno en las pocas aerolíneas nacionales como Aeroméxico, que perdió aproximadamente 39.8 por ciento de sus acciones frente a Delta Air Lines, por lo que ya ha anunciado alzas en sus costos por maleta documentada a Norteamérica.

A esta problemática se suman situaciones complejas que rodean al sector. Podemos señalar desde el conflicto de Atenco y la represión y casos de corrupción en los que algunas fuentes señalan que determinadas constructoras ligadas al fallido tren México-Querétaro, han sido compensadas con partidas en el megaproyecto que pretende situar en inmediaciones de Texcoco una unidad aeroportuaria.

La bancada de Movimiento Ciudadano, encabezada por Clemente Castañeda, “ha puesto el dedo en la llaga” sobre estos temas en el Poder Legislativo las últimas semanas. Se trata de una serie de medidas en favor de los usuarios para combatir los abusos de las aerolíneas, que de manera unilateral y contraviniendo incluso la Convención de Varsovia así como el Convenio de Montreal, anteponen sus intereses en agravio de los usuarios.

En respuesta a esto, la semana pasada la Comisión de Transporte de la Cámara de Diputados dictaminó diversas iniciativasque buscan terminar con dichos abusos y fortalecer los derechos de los usuarios. Con esto se logró subir al debate público asuntos como lo son: la publicidad engañosa, la discriminación vía servicios “preferenciales” o incluso aquella contra personas con discapacidad, la sobreventa de pasajes, las bajas indemnizaciones por pérdida de equipajes, las compensaciones por retrasos y cancelaciones, entre otras cosas.

La construcción de un nuevo aeropuerto internacional no parece ir acompañada de políticas públicas que incentiven y mejoren el sector. Hoy, corrupción, clientelismo y una visión miope, obstaculizan el desarrollo de esta industria, y el crecimiento del país. La omisión de las autoridades sobre las arbitrariedades de las aerolíneas debe terminar. Hoy es incomprensible que la actual terminal 1 y sobre todo la seminueva terminal 2 no tengan un desempeño eficiente, lo que podría  provocar en el futuro cercano se vuelvan elefantes blancos.

Debemos tener servicios dignos a precios justos; la demanda no es solo para las aerolíneas, sino para las autoridades que hasta ahora solo “nos han dado el avión” sobre estas demandas.