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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Siria y la industria militar de EU y Rusia
  • Claudia S Corichi García

Con el inhumano ataque químico del martes pasado en la localidad siria de Jan Shijún se abre la puerta a un nuevo escenario bélico en el que la participación de la Casa Blanca y el Kremlin se da en medio de una extraña tensión. Trump y Putin, vinculados desde tiempos electorales, deben establecer ahora posiciones en el terreno de guerra, mientras que ambos buscan conciliar intereses en el seno del Consejo de Seguridad.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el número de muertos en la ciudad siria es de 86, incluidos en estos a 30 niños, lo que ha sido terriblemente retratado por la lente de algunos medios. Sin embargo, las terribles imágenes parecen ser la perfecta cortina de humo para Washington y Moscú, pues todo indica que saldrían beneficiados en términos políticos y económicos de un inminente combate.

La realidad es que el pasado 28 de febrero China y Rusia se opusieron mediante un veto a que el Consejo de Seguridad impusiera restricciones al manejo de químicos en Siria, recordando que este país ratificó en 2013 la Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción, el almacenamiento y el empleo de armas químicas y sobre su destrucción (CAQ), como consecuencia del terrible ataque químico con gas sarín perpetrado en la periferia de Damasco en agosto de 2013.

La ofensiva que ha lanzado EU el pasado viernes -respaldado por Reino Unido-, ha sido calificada de “agresión a un Estado soberano” por parte de Putin, quien decididamente defenderá a Bashar Al Assad para hacer cumplir el compromiso político que tiene con su Gobierno.

Diversos especialistas subrayan hasta ahora el trasfondo de ambas potencias para dirigirse hacia un enfrentamiento. Con el 33 por ciento del total de las exportaciones de armas en el mundo, Estados Unidos ha sido los seis últimos años el mayor vendedor internacional de estas.

Las exportaciones de Rusia crecieron 27 por ciento en el mismo periodo, situándolo por detrás de nuestro vecino del norte. Las operaciones militares de Rusia en Siria, a pesar de haber sido costosas, han provocado que se disparen las solicitudes de compra del equipamiento militar ruso, lo que proyecta ventas de hasta seis mil o siete mil millones de dólares en nuevos contratos.

Trump por su parte, -incluso después de haberse desvinculado de estos conflictos en su toma de protesta-, parece optar nuevamente por la fórmula republicana de iniciar una guerra. La finalidad: distraer la atención pública de los graves temas internos, buscar un repunte en la aceptación de su decaída imagen, y su controvertido e improductivo Gobierno, y sobre todo, reactivar la economía de guerra con la finalidad de generar crecimiento en las industrias vinculada al acero, muchas de ellas ubicadas en donde el otrora candidato, forjó millones de votos en el seno de una clase baja blanca, que tradicionalmente vivía de este sector.

Se trata de una jugada técnica que no precisa entre sus fines inmediatos atender el grave legado que dejó la Primavera Árabe en el Oriente Medio Oriente, una cruel Guerra Civil que azota a Siria desde finales del 2010.

Nuevamente el sistema de Naciones Unidas se ve confrontado por los intereses de las potencias que históricamente lo han puesto en jaque, los cinco grandes del Consejo de Seguridad. Lo claro es que Rusia y EU ganan con este conflicto, mientras que Siria permanece en latente riesgo de terminar en ruinas y su población aniquilada sin piedad.