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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • La renegociación del TLCAN y sus claroscuros
  • Claudia S. Corichi García

El pasado enero se cumplieron 23 años del salto más ambicioso de México a la globalización, la entrada en vigor del TLCAN. En vísperas de que Trump envíe al Congreso estadunidense una propuesta para su renegociación según lo estipula la Sección 105 del Trade Promotion Authority Act, la posición de nuestro país es incierta. Videgaray tiene en sus manos la responsabilidad de negociar la mayor carta del comercio exterior mexicano, en plena curva de aprendizaje. El reto está en buscar el revertir problemas del aún vigente NAFTA, y evitar un escenario catastrófico con una política exterior mexicana que carece de brújula desde hace años.

Aunque en el TLCAN no ha sido todo miel sobre hojuelas, desde su entrada en vigor, el comercio entre los tres países se ha cuadruplicado hasta llegar a los 1.14 billones de dólares. Nuestras exportaciones que en 1993 representaban apenas el 12.14 por ciento del PIB, hoy son más del 35 por ciento de éste, es decir, poco más de un tercio del indicador nacional.

El vertiginoso cambio generado por este acuerdo, ha transformado a México magnificando sus incongruencias: riqueza y pobreza. México recibía de EU inversiones directas por 15 mil millones de dólares antes del TLCAN, apenas una sexta parte de los 100 mil millones que recibe hoy. Sin embargo, el crecimiento del PIB per cápita mexicano ha sido en este mismo período la mitad del promedio de América Latina.

El bajo crecimiento para México ha impedido abatir la pobreza que ha sumado cuatro millones de personas a sus filas. Los salarios han subido un mísero 2.3 por ciento, mientras la inflación y el desempleo han llegado a cifras
históricas.

El TLCAN ha tenido un especial impacto en el campo, donde más de cinco millones de agricultores desplazados apenas en los primeros años ante los poderosos productores estadunidenses de maíz, se han sumado a las filas de la pobreza extrema, más de dos millones de ellos perdieron sus empleos, mientras las importaciones de este grano superan ya las 12.5 millones de
toneladas.

Las crisis en algunos sectores provocadas por este acuerdo, se han sumado a terribles reformas económicas, que precarizaron la vida de millones de personas,y provocaron cambios sociales y problemas tan graves derivados, como los mismos feminicidios de Cd. Juárez. Los Gobiernos que nos han tocado no han sabido aprovechar el crecimiento cuantitativo para impulsar el desarrollo y el bienestar de nuestro país.

La inminente renegociación del TLCAN exige que nuestra política exterior haga su trabajo, pero para ello hace falta experiencia y técnica, y aunque ahí estará parte del equipo de Serra Puche, quien negoció el acuerdo original, la visión y decisiones de Videgaray siguen siendo un riesgo de que los intereses de México terminen subsumidos a los de EU.

El escenario por venir es incierto, hay temas pendientes que en especial me preocupan, como lo son esquemas de patentes en medicamentos –en donde muchos laboratorios estadunidenses no darán paso atrás-, mecanismos de controversia, regulación de internet –que en 1994 era prácticamente inexistente-, renovación de la agroindustria nacional, etc.

México debe alistar su estrategia y tener claras prioridades, debe anteponer el interés nacional con carácter. Trump hará lo suyo. Un final malo en este proceso, afectará  a todos los sectores empezando por el Gobierno federal. Necesitamos un acuerdo ganar-ganar, porque el horno no está para bollos.