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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia S. Corichi García
  • La falsa paradoja para lograr una educación de calidad

La transformación del sistema educativo de México a raíz de la reforma de 2013, ha pasado del disenso, a la crispación. La educación de calidad es una demanda aún vigente, mientras que el enfrentamiento entre las autoridades y la CNTE ha escalado más allá de los límites de la gobernanza. La violencia se ha convertido en el centro de la atención pública a este fenómeno, sin embargo y ante la evidente partidización de la Coordinadora, existen pocas alternativas y voluntad para generar diálogo entre los actores, y garantizar tanto el derecho a la educación, a la libre manifestación, a la movilidad, como al trabajo.

La realidad de la educación en México es compleja. Datos del 2015, muestran que existen poco más 30 millones de alumnos entre la de la educación básica, media superior y superior en todo México, para los que existen 1.5 millones de maestros repartidos en casi 245 mil escuelas, es decir, una media -casi prudente- de 20 alumnos por docente. Sin embargo, datos del último censo educativo, revelan que el 15 por ciento de las escuelas carece de sillas, mientras que el 40 por ciento no cuenta con computadoras, y en un escandaloso 61 por ciento de los casos carecen de internet, ya ni que decir de los anunciados bebederos.

En este marco, es que cuando se discutió la necesidad de una Reforma Educativa de gran calado, poco se habló de las particularidades y múltiples realidades que vive el país en toda su geografía. Se apostó por calidad de la mano de estrictas medidas laborales en la Ley del Servicio Profesional Docente, que transformaban sustancialmente la cultura laboral -principalmente a los sindicalizados-, lo que trastocó intereses que incluso el mismo PRI -promotor de la reforma en ese sentido-, había institucionalizado históricamente a través de prácticas corporativistas con los educadores agremiados.

Al rechazo ante los mecanismos de demanda de los maestros -principalmente desde la narrativa de los niños y niñas que a diario pierden clases-, se han sumado las afectaciones viales en diversas ciudades, y recientemente los actos de violencia y humillación hacia los maestros disidentes que han puesto en relieve el apoyo social al magisterio. La última encuesta de Beltrán, Juárez y Asociados, destaca que el 76 por ciento de la opinión pública, reprueba las movilizaciones del magisterio, mientras que un 49 por ciento percibe que el movimiento se ha debilitado.

La investigación “Los mexicanos vistos por sí mismos”, elaborada por la UNAM, evidencia que el humor social ante los problemas educativos recae principalmente sobre los docentes, pues se reconoce que la gente percibe las causas de estos en la falta de escuelas y la mala formación pedagógica de los maestros.

México es el país con mayor atraso dentro de los países de la OCDE en materia educativo, los alumnos mexicanos se colocan en promedio en el nivel 2 de las evaluaciones de este organismo aunque la mayoría se queda en el nivel 1 o en el 0 de desempeño, lo que significa que al llegar a los 15 años pueden leer textos simples o realizar operaciones aritméticas elementales, pero carecen de competencias mínimas para la vida en el mundo productivo.

Hoy en este inaceptable marco de violencia excesiva, de represión, y de muertes, en Oaxaca ante el que ya se ha pronunciado incluso Naciones Unidas, es urgente evitar esa línea de gobernadores y secretarios de Estado en favor de la mano dura. Urge se instale una mesa de diálogo, con el firme compromiso de encontrar una solución pacífica a las discrepancias respecto de la evaluación en la región suroeste del país.

Son inaceptables la persecución política y laboral, la violencia, los asesinatos de docentes en Nochixtlán, pero también lo son -aunque en diferente nivel- la humillación que hubo a los disidentes, la negativa al diálogo, las afectaciones a terceros, pero sobre todo el tener a miles de niños sin clases.

La mejora de la educación en México debería ser la aspiración y poner ya un punto final de este proceso, sin embargo, ésta no vendrá de la mano de zanahorias o garrotes, esa es la falsa paradoja. A reserva de los resultados, el Gobierno deberá responder por el uso excesivo de la fuerza que hoy ha cobrado vidas y víctimas en algo que definitivamente deja manchado y sin autoridad a Aurelio, mientras que Peña sube un nuevo peldaño en la violación sistemática a los derechos humanos. El país hoy se encuentra crispado, dividido, herido y en una tensión innecesaria con el riesgo de colapsar.