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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

Claudia S Corichi

El paso viejo pero firme de las derechas en Europa y el Brexit
La increíble salida del Reino Unido de la Unión Europa, no solo ha dado un severo golpe a las bolsas del mundo, sino que supone un replanteamiento político profundo al margen del único proyecto supranacional consolidado dentro de una globalización cada vez más intensa. En el fondo de este proceso, las reticencias nacionalistas y de derecha han aparecido como fantasmas en estos tiempos, sobre todo cuando el pasado domingo, el PP ha materializado un nuevo triunfo en las urnas españolas, que sin embargo, no alcanza para la envestidura presidencial. Europa camina hacia un rumbo incierto.

La narrativa a favor del “Brexit” situó su justificación en razón de la grave y asimétrica crisis europea, sin embargo poco se ha hablado de dos procesos que se erigen como los pilares de esta decisión. El primero el impacto del terrorismo y la grave crisis migratoria, en la que los movimientos políticos de derecha han reavivado un discurso xenófobo y racista, que hoy además de generar ecos, está materializando cambios.

El segundo proceso, es histórico, los ingleses siempre se han reconocido como ajenos a Europa. Desde la firma del Tratado de París por el que se creó la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), Inglaterra ha permanecido al margen de este proyecto en tantos sentidos que a pesar de ser una de sus economías más fuertes, nunca consideró la integración monetaria en sus horizontes. Su adhesión a este proyecto se dio en 1973, justo a unos días de que se cumpliera un año de famoso Bloody Sunday, es decir, con la memoria fresca de los efectos que el nacionalismo genera en el viejo continente.

El miedo ha reinado en este proceso, pues no han importado las cifras que demuestran el saldo positivo de la migración en la economía británica, ni que Reino Unido ha tenido desde siempre claras restricciones a la movilidad de personas -el llamado espacio Schengen-. Es un dato importante que las personas entre 45 y más de 65 años, votaron casi en un 56 por ciento en favor de la salida, cerrando el camino a casi 6 millones de jóvenes respecto de los beneficios que representan en el mercado labor y educativo las políticas europeas, sin embargo según estudios de la Universidad Nottingham Trent, esta juventud británica es excepcional, pues tiene una de las tasas de abstencionismo más altas de Europa cuando se trata de elecciones, es decir, no han decidido su futuro y apenas medirán las consecuencias aunque ya empiecen algunos a manifestarse.

Más allá del brutal impacto financiero, resta ver que harán Escocia, Gales, Irlanda e incluso Gibraltar, pues enfrentan un gran dilema: permanecer a una región a la que histórica y culturalmente pertenecen, con los beneficios de una estabilidad económica, o aventurarse a ese enorme proyecto que es la UE, con las grandes incertidumbres que le rodean.

En medio de estos turbulentos cambios en Europa, con el triunfo del PP en España el pasado domingo, y al margen del impasse que vive el Gobierno español desde mayo pasado en el que quedó bloqueada la investidura presidencial, se ha venido a confirmar el miedo que se percibe. Se dice entre el círculo rojo español, que los desafíos que planteó el Brexit, permitieron que el PP se presentara como símbolo de “estabilidad” en una España que convalece ante una crisis económica que devenido en crisis política. La tendencia en este caso ha sido la misma, los jóvenes han votado hasta en un 44 por ciento por Podemos y Ciudadanos, alejándose del bipartidismo que PSOE y PP les reflejan.

El caso de España es en extremo complejo. Entre las reivindicaciones catalanas, este nuevo escenario exterior del Brexit, y el triunfo de la derecha que aún no basta para dar un presidente, se hace latente una nueva crisis social para el país peninsular.

Diversos estudios muestran la conversión del mapa político europeo al margen de la crisis migratoria y de los recientes ataques terroristas. Austria, Alemania, Holanda, Italia, Polonia, Hungría, y Dinamarca, han dado el poder en diferentes congresos, y poderes locales a partidos de derecha y extrema derecha en los últimos tres años, lo que ha evidenciado según las investigaciones, el impulso para la derecha populista y xenófoba.

Por ahora, la salida del Reino Unido de la UE no solo pone en duda a todo este proyecto -hasta ahora el más consolidado del mundo-, sino que reaviva justamente ese peligroso rumbo de las derechas aliadas a nacionalismos perversos que en muchos casos tienen matices complejos. Al norte de nuestra frontera, tenemos como un riesgo latente, a uno de los mejores representantes de esa visión, por lo que habrá que esperar a noviembre para ver el sentido de este miedo en el continente americano.