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En Cantera y Plata

  • Claudia Corichi

  • Claudia S Corichi Garcia
  • El futuro del mercado automotriz

La industria automotriz se ha convertido desde hace poco más de dos décadas en uno de los pilares del desarrollo y crecimiento de México, con un impresionante peso en materia de exportaciones que ha beneficiado sin duda los resultados de la balanza comercial. En los próximo años, dicho mercado, en específico el de autos usados, tendrá una intensa  transformación toda vez que el plazo marcado por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA-TLCAN) vencerá el próximo 1 de enero de 2019 para su total apertura.

Sin embargo, será el próximo 2017 cuando la libre importación de vehículos usados con apenas dos años de antigüedad, provenientes de Estados Unidos y Canadá será una realidad, lo que se prevé transforme el mercado de autos a nivel nacional, y las dinámicas de compra del sector, siempre y cuando las medidas arancelarias se flexibilicen.

La supuesta apertura gradual de autos usados que inició hace poco más de 10 años, terminó por poner en shock la venta de autos nuevos, por lo que ante tal fenómeno, el Gobierno de Peña Nieto se dio a la tarea de aplicar un esquema de control riguroso para los autos usados de origen estadunidense, por lo que se llegó a reducir hasta un 68 por ciento la importación de este tipo de autos, sin embargo, en marzo de 2016 hubo un repunte de importaciones de casi el 20 por ciento.

La lógica detrás de esta situación, fue impedir una afectación severa del mercado interno de autos nuevos, toda vez que la llegada constante de inversión extranjera directa en armadoras, ayuda a paliar los índices de desempleo y algunas variables macroeconómicas. El tema se justificó en razón de la gran cantidad de vehículos “chatarra”, que aumentaban el parque vehicular, y más recientemente sobre su potencial contaminante en algunas regiones del país.

Ante este escenario, queda en el aire la moneda para quienes el supuesto “beneficio” derivado de la apertura del mercado en el marco del TLCAN nunca se materializó; pues muchos sectores sociales con ingresos bajos, vieron con tales medidas nuevamente reducidas sus posibilidades de acceder a vehículos. En entidades como Michoacán el nuevo Gobierno encabezado por Silvano Aureoles, ha puesto en debate esta cuestión, pues siendo un Estado con una gran tradición migrante, cuenta con una gran presencia de autos “chocolate”, y una necesidad de incorporarlos a la legalidad, más que destinarlos a convertirse en chatarra.

Bajo estas condiciones es que será compleja la argumentación del Gobierno federal, y de las empresas automotrices, frente a la importación de autos con apenas dos años de antigüedad, por lo que se prevé las medidas para controlar al ingreso de vehículos se traslade al terreno administrativo, siendo la exigencia del certificado de origen un tema por el que se implementan cientos de amparos, y una sobrecarga para las autoridades de justicia.

La dinámica incluso se hace más compleja si dimensionamos dos latentes escenarios. El primero se da por la apertura de México en el marco del Acuerdo Transpacífico (TPP), pues este mercado representará una media de importaciones integradas anuales de autos por 21.5 millones de dólares. Con el TPP, México obtendrá ventajas arancelarias y de acumulación de origen en el mercado de Australia, Nueva Zelanda, Malasia y Vietnam.

El segundo se da en una incertidumbre cada vez mayor frente a la posibilidad de que Trump acceda al Gobierno de Estados Unidos. Diversos analistas han vaticinado que de cerrarse la frontera México-EUA las plantas automotrices de Ohio, Michigan, Alabama y Mississippi pararían operaciones, al ser nuestro país el principal proveedor de autopartes, y que de excluir el Republicano a nuestro país del TLCAN como ha manifestado en su propuesta de campaña, los autos mexicanos exportados a EUA pagarían un arancel de hasta un 15 por ciento.

Entre las disyuntivas que se prevén, sin duda está si el Gobierno mexicano privilegiará la Inversión Extranjera Directa –y el mercado financiero a través de flexibilización de créditos para acceso a autos nuevos-; o dará rienda suelta a que los “beneficios” del neoliberalismo fluyan para la gente, pues hasta ahora deben mucho a las y los mexicanos.