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En cantera y playa

  • Claudia Corichi

Los retos de la sostenibilidad en la CDMX

El agravamiento de la contaminación del aire en la Ciudad de México (CdMx) ha puesto en jaque a autoridades y ciudadanos. Por ahora, no existe certeza de qué niveles alcanzaremos ya no solo en el marco de las contingencias, sino de un tema que exige reconstruir la gobernanza de una de las ciudades más grandes y complejas del mundo. Este proceso de transformaciones en la capital del país, es quizás el mejor escenario para proponer medidas transversales y coordinadas ante estos problemas.

En el área conocida como la megalópolis, coinciden las zonas urbanas de Hidalgo, Puebla, Morelos, la Ciudad de México y el Estado de México; juntas acumulan poco más de 28 millones de habitantes, con sus respectivas demandas de servicios, y conductas de consumo que han superado por mucho la capacidad de gestión humana, e incluso de injerencia de los Gobiernos que en ella participan.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA), las grandes ciudades del mundo como la Ciudad de México llegan a producir hasta 10 mil millones de toneladas de residuos anualmente. La ciudad por ejemplo transfiere anualmente cerca de 3 millones de toneladas de basura a los vertederos del Estado de México, por las que ésta genera -además de su contaminación propia- más de 10 mil toneladas de CO2 y 400 toneladas de gas metano, diariamente.

El crecimiento desmedido de vivienda en la capital del país se suma a una demanda de servicios que ha rebasado al Gobierno capitalino o delegacional, así como a los Gobiernos municipales y estatales de la megalópolis. Se calcula que cerca de 600 colonias dentro del ex-DF presentan un crecimiento desmedido de construcciones para vivienda. En colonias como la Del Valle, en un lapso de menos de 8 meses la demolición de casas particulares, para la construcción de edificios se triplicó según datos de la autoridad delegacional.

La demanda de servicios básicos como el suministro del agua, son ya un problema real, por lo que no existe si quiera cupo para la ampliación de estos en el marco de este desmedido crecimiento. Diversos analistas coinciden que desde hace 20 años esta metrópoli se quedó sin agua, ya que se importa el líquido de cuencas de otras regiones del país, en específico del sistema Cutzamala. Se calcula que hoy queda menos de un uno por ciento de los depósitos lacustres del Valle de México.

La deforestación es también un grave problema, pues en el Valle de México se presenta el 25 por ciento del total del país, por lo que cuidar los pulmones de nuestra capital, y los aledaños como La Marquesa o el Desierto de los Leones, forman parte de una agenda pendiente.

Sin embargo, movilidad y contaminación del aire se han presentado como la punta del iceberg de estos problemas. Según datos de la Organización Ciudad Posible, la velocidad promedio en 2010 fue de 12 kilómetros por hora, por lo que se prevé para el cierre de este año la media ronde apenas los 8 km/hr., por lo que de continuar con esa dinámica, no solo se estará comprometiendo la movilidad, sino como hemos visto, se agudizarán problemas, como el de la mala calidad del aire. Actualmente 90 por ciento de los vehículos que circulan en la CdMx son propulsados por gasolina, mientras que la capital del país contribuye con cinco por ciento del total de las emisiones de gases de efecto invernadero en el país, es decir, 31 millones de toneladas de carbono (CO2).

Poco se ha hablado hasta ahora de la urgente necesidad de propuestas para revertir el daño ambiental en la Ciudad de México, y de lo imperante es que éstas tomen un lugar protagónico en la Asamblea Constituyente.Los citadinos debemos ser cautelosos en el proceso, pues -sobre todo en tiempos electorales- falsos mesías habrán proponer con soluciones con trasfondo político, que no son la respuesta a estos problemas añejos y complejos.

Como ciudadanos debemos replantear nuestros hábitos y consumoal margen de esta grave crisis, así como propiciar un diálogo entre todos actores y Gobiernos de la megalópolis, con la finalidad de brindar e implementar acciones coordinadas.

He de subrayar que no todo es culpa de las y los capitalinos, el Gobierno federal actual y sus pasadas administraciones, han tenido en la mano el propiciar el crecimiento de otras regiones del país, de descentralizar el desarrollo y de promover que la gente encuentre una vida lejos de esta capital que hoy padece al parecer un cáncer terminal.