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En la cancha

  • En la Cancha / Fernando Schwartz

UN REGLAMENTO PISOTEADO

“Los cadáveres de aquellos que han fracasado. Si se pusieran uno encima del otro, proyectarían su sombra por encima de todas la pirámides de la tierra”.

Og Mandino
YA lo decía André Breton, en su visita a nuestro país en 1938, que México es la nación más surrealista del mundo, la cual es preferible estudiarla desde lo absurdo y no por el camino por la razón. Tal vez, el artista francés lo decía sin grandes conocimientos históricos o antropológicos, pero su comentario dio en el blanco convirtiéndose uno de los mejores epítomes de nuestra realidad. Bien sabido es, que en nuestra sociedad abundan diferentes problemas económicos, que la impunidad está a la orden del día, que decenas de  Gobernadores que prometieron pelear por su pueblo se encuentras prófugos por haber robado hasta el perico, que la inseguridad se ha convertido en una bestia incontrolable y sin salidas, sin olvidar el desempleo y la falta de oportunidades a los miles jóvenes que son rechazados de instituciones educativas y absorbidos por el comercio informal, la delincuencia organizada o la migración. Ahora bien, ante este panorama desolador existen diferentes vías y válvulas de escape para no cortarnos las venas, parafraseando a Sabina, y una de ellas es el futbol. Este deporte representa la ilusión de millones de personas que cada fin de semana dejan todo por apoyar a su equipo favorito. Sin embargo, éste espectáculo, que en sus principios fue símbolo de amistad y respeto, en este momento se encuentra tomado por un grupo de empresarios que únicamente velan por sus intereses y olvidan la repercusión que tiene en el ánimo de los mexicanos.

Asimismo, el balompié debería fungir como el oasis en este desierto de corrupción y violencia. Pero, en lugar de eso, la FMF también se ha convertido en una institución donde reina el amiguismo y los reglamentos son utilizados para beneficiar a los socios y perjudicar a los enemigos. Para muestra un botón: cuando un jugador trata de defender sus derechos, exigir sus pagos o pelea sólo por lo que le corresponde, es vetado. En cambio, cuando un dueño viola flagrantemente los reglamentos se le perdona todo, como lo ha hecho Fidel Kuri Grajales al utilizar a los Tiburones Rojo como herramienta política en una elecciones (sin olvidar que contó con todo el apoyo del ex gobernador Javier Duarte, arrestado recientemente en Guatemala) o entrar a la cancha para festejar cuando tiene un castigo por agresión.

Pero, el caso que estos días ha puesto en duda todo el aparato ético y jurídico de la Federación es la revocación del castigo por un año a los jugadores Enrique Triverio de Toluca y Pablo Aguilar del América. Ambos jugadores asistieron al Tribunal de Arbitraje Deportivo y lograron anular en sólo una audiencia de dos horas las imputaciones de la FMF, retomándose las sanciones originales que desde un comienzo había dado a conocer la Comisión Disciplinaria de 10 Juegos al americanista y ocho al mexiquense y que provocó el paro de los árbitros, ya que ellos veían una clara agresión a sus compañeros. Lo que sorprende en esta situación es lo rápido y el triunfo tan fácil que consiguieron estos futbolistas en el tribunal con todas las pruebas en su contra, pareciera que todo esto fue un show, un teatro pactado desde la Federación para ayudarlos. Una vez más, el reglamento fue pisoteado y vilipendiado. Normal.

Algo Más. No hay ninguna consistencia con lo dicho y lo hecho por Ares de Parga, Presidente de Pumas, en una entrevista reciente en TDN. Sólo dio rodeos en sus planes con el club y a las preguntas sobre la situación de Verón y el “Pikolín” Palacios. Pobre equipo de la UNAM.

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