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¿“En nombre de la salud”? / Betty Zanolli Fabila

  • Betty Zanolli

No señor Presidente de la República y señor jefe de Gobierno de la Ciudad de México, con el debido respeto, la remasterización del programa Hoy No Circula (HNC) pasará a la historia de sus respectivas gestiones como una de las medidas más desafortunadas, antipopulares, crispantes e inútiles que tomaron, porque si a algo no contribuyó fue justamente a proteger la salud pública. ¿Por qué? Porque es imposible que el problema de contaminación atmosférica en la hoy llamada “megalópolis” pueda ser solucionado con la fácil, instantánea y draconiana restricción a la circulación de los autos particulares, mucho menos permitiendo que lo hagan en igualdad de circunstancias lo mismo autos salidos de la agencia que automotores con largas décadas de vida y obsolescencia tecnológica a cuestas.

Y como hace una semana, volvemos a preguntar: ¿por qué así como la autoridad prohíbe la circulación de los automotores le tiembla la mano para impedir la realización de bloqueos y marchas, de los que ni siquiera habla y que contribuyen poderosamente al colapso de movilidad de nuestra ciudad capital, convertida cada día más en una laberíntica y asfixiante ratonera sin salida? ¿Por qué no cierra las gasolineras sin control de vapores y prohíbe actividades al aire que emplean disolventes? ¿Por qué la gasolina que se expende es importada y de baja calidad y por tanto altamente contaminante? ¿Por qué no cierra los verificentros, pútridos nidos de corrupción? ¿Por qué no reembolsa a todos los ciudadanos el excedente que pagaron para obtener los hologramas 0 y 00, ya totalmente obsoletos? ¿Por qué desde hace décadas dejó de invertir en el transporte público y solo se ha preocupado de propiciar un boom inmobiliario anárquico en la capital y zona conurbada, contrario a todo ordenamiento territorial y favorecedor de una concentración urbana sin precedentes en la historia humana, mientras el resto del país sobrevive abandonado, debatiéndose entre la ruta del desarrollo silvestre y la del despojo descarnado de sus recursos? Preguntas sin respuesta, pero la ciudadanía lo permite y lo sabe la autoridad. Sabe que el pueblo de México podrá reírse, burlarse, llorar, criticar y denostar, pero al final nada pasará. Y a ella no le importa ser objeto de escarnio mientras sus arcas sigan creciendo y sus medidas populistas le permitan financiar y garantizar millones de votos para las próximas elecciones. Sabe que al mexicano lo que le sobra es inventiva y no tardará en encontrar vías para evadir la restricción que sea, lo mismo intercambiando placas que con el sacrificio de gastar el dinero que la gran mayoría no tiene para hacerse de otro coche (carcacha ahora, si lo que importa es transportarse); al fin que para eso tanto los loteros como las agencias automotrices (que desde hace semanas se decían coincidentemente atravesar una crisis) están lanzando nuevas campañas y créditos preautorizados para la compra de autos nuevos, seminuevos y usados; al fin que para eso existe la corrupción y sus infinitas modalidades y no tardaremos en reponer el millón de autos que presuntamente se esperaba “descansaran” por día. Sí, éste es el México por el que apuesta nuestra autoridad, y si alguien lo sabe es ella.

Por ello, a siete días de la entrada en vigor del nuevo HNC, la expectativa de salud de quienes habitamos en la rimbombante “megalópolis” no ha sufrido variación. Los índices de ozono rompieron una vez la barrera de los 150 puntos y estuvieron a punto de hacerlo en varias ocasiones. ¿Por qué la autoridad no entiende que ni siquiera es un paliativo, por no decir placebo, el HNC? ¿Por qué no escucha las voces de científicos universitarios que reiteran que reducir las emisiones de monóxido de carbono no reducirá los valores de ozono y que de nada servirá tener transporte público renovado si no se supervisa que sus convertidores catalíticos sean monitoreados periódicamente para que estén en óptimas condiciones?

El panorama que hoy enfrenta la ciudadanía en la capital es patético: el estrés y ausentismo escolar y laboral se agudizaron; el tiempo de traslado se disparó y con ello la pérdida de productividad; la economía y la propia vida de muchas madres que llevan a sus hijos a escuela antes de laborar se dislocó completamente; los niveles de violencia y acoso contra las mujeres se incrementaron; la capital quedó sitiada, hubo desabasto y encarecimiento de productos; las rentas de autos y el uso de taxis rompieron sus expectativas neutralizando la disminución de autos particulares en circulación y empresas como Uber en vez de solidarizarse con la ciudadanía la sangró salvajemente como en los peores tiempos de la usura medieval sin que hubiera autoridad que frenara su atropello colosal: “es la ley de la oferta y la demanda”, dijo, mientras Metro y Metrobús y sobre todo el transporte público altamente contaminante reventaban sin poder dar abasto. ¿Y la autoridad? En vez de reportar posibles reducciones en los niveles de contaminación y de enfermos de las vías respiratorias, se dedicó a contabilizar los autos remitidos al corralón por infraccionar el HNC. Sancionar es su prioridad, no así reconocer la nulidad de logros del programa y del nuevo Reglamento de Tránsito. Sí, los valores, sus valores, están invertidos, de ahí su enconada estigmatización a los automovilistas, su abandono a la sociedad y la ahora novedad fiscal que está fraguando imponer: la tasa de congestionamiento, “porque así se cobra en ciudades como Milán”. ¿Esto es lo que nos hemos ganado al estrenarnos como Ciudad de México? ¿Que la autoridad nos cobre por todo y para todo y además inconstitucionalmente a través de empresas privadas por fotomultas, parquímetros, arrastres, verificaciones, además de infracciones comunes, tenencia y demás derechos, y ahora por circular en zonas donde haya tráfico, aún si es por una concentración, accidente o porque a algún vehículo se le ocurrió pararse en cualquier sitio sin que nadie lo retire?

A una semana de distancia el parque vehicular de la megalópolis ha crecido día con día y me cuestiono: ¿qué hemos hecho para padecer administraciones cada vez más negligentes, ineficientes y retardatarias? ¿Acaso la Ciudad de México, como el país entero, no tienen salvación?

bettyzanolli@gmail.com               @BettyZanolli