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En riesgo la alternancia en Coahuila

  • Juan Antonio García Villa

El próximo domingo, tres estados tendrán elecciones de gobernador: Coahuila, México y Nayarit, y uno más para renovar sus ayuntamientos, que es Veracruz. Desde hace algunos meses, estos próximos comicios son tema de conversación entre amigos, materia imprescindible de columnas políticas y editorialistas, pródiga fuente de noticias y, en general, asunto bastante socorrido por la llamada comentocracia.

Hasta hace algunas décadas, en realidad no muchas, las elecciones locales prácticamente a nadie interesaban. Poco se hablaba de ellas y por lo mismo transcurrían con mucha pena y nada de gloria. A pesar de ese silencio mediático y generalizado desinterés, resultaba sorprendente que luego se informara de porcentajes altísimos de participación electoral. Supuestamente los ciudadanos se atropellaban por hacerse presentes en las urnas.

Sin que nadie entendiera cómo, el abstencionismo sufría, una y otra vez, aplastantes derrotas. Y ¡oh paradoja de los tiempos! en estas elecciones del 4 de junio –de las que mucho se habla– el índice de participación andará, en el mejor de los casos, apenas por encima del cincuenta por ciento. ¿Dónde quedaron aquellos setentas, ochentas y más por ciento de antaño?

Como bien se sabe, tal paradoja no encierra misterio alguno. Simplemente aquellas cifras no eran reales sino resultado de procesos electorales que eran la mar de sucios, con árbitros parcialísimos y un competidor gandaya. Era todo.

Sin embargo, las cosas no necesariamente han cambiado del todo. Hoy se recurre a modalidades más sutiles, pero igualmente eficaces, para ganar con malas artes una elección. Y para el caso poco importa que las estadísticas registren muy bajos índices de participación ciudadana en los comicios.

Sobre tales malas artes, en los próximos días seremos testigos, entre otras, de las siguientes, que por lo demás no serán nada nuevo: De la divulgación, hasta la fecha límite en que la ley lo permite y aún después, de encuestas “a modo” o de plano falsas, con el propósito de engañar y manipular a los votantes.

Asimismo de los últimos y más arteros disparos de la llamada guerra sucia. Y también de una extraña liquidez monetaria en los estados con elecciones, sea directa o a través de tarjetas de débito, como ya ocurrió en el 2012, liquidez que aceita la grotesca maquinaria con que se realizan las humillantes movilizaciones comercializadoras del voto.

Este 4 de junio tendrán elecciones para gobernador dos de las cuatro entidades del país que hasta ahora no han tenido alternancia: Coahuila y el Estado de México. En Coahuila, por un sinnúmero derazones que bien conoce la opinión pública nacional (robo público escandaloso, arbitrariedad y autoritarismo de campeonato; en fin, el gobierno concebido como mero bandidaje organizado), la oposición –y en concreto el panismo- tiene sin duda vocación de triunfo.

Sin embargo se advierte un riesgo: participan por la gubernatura de Coahuila dos candidatos, el independiente Javier Guerrero, y otro el de Morena, Armando Guadiana, que pueden obtener buen caudal de sufragios, en conjunto entre una quinta y quizá una cuarta parte del total de la votación. Este porcentaje es inédito en Coahuila para alguna oposición diferente a Acción Nacional, lo cual bien puede poner en peligro la alternancia. Algo y con urgencia debe hacerse al respecto si en verdad se pretende derrotar al moreirismo.