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En seguridad, de mal a peor

  • Benjamín González Roaro

La fortaleza de un gobierno deriva de múltiples factores. Uno de ellos, indudablemente, es el liderazgo presidencial. Pero también hay otros que son determinantes, me refiero a los resultados que se entregan a la sociedad en diversas áreas de la agenda nacional y que sirven de base para evaluar el éxito o fracaso de la gestión gubernamental.

En la recta final de todo sexenio es esperable que el gobierno en turno empiece a entregar buenas cuentas. Por ello, en esta ocasión quiero abordar el tema de la seguridad, en donde no hay avances, a pesar de que muy seguramente representa la principal amenaza a la tranquilidad de todos.

Ante la magnitud de los últimos reportes y tendencias que han salido a la luz pública, no deja de sorprenderme que el país va de mal en peor.

De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), en mayo pasado se registró la criminalidad más alta, esto significa que dicho mes ha sido el más violento desde 1997, año en que se empezó a realizar la sistematización de estadísticas delictivas a nivel nacional.

Estamos frente a una espiral de violencia, que se traduce en un acelerado incremento de asesinatos. En los primeros cinco meses de 2016 ocurrieron 7 mil 658 homicidios dolosos, pero en el mismo periodo de este 2017 llegamos a 9 mil 916. En un año tuvimos un incremento de casi el 30 por ciento.

Otro dato: la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) informó que durante el primer semestre de 2017 se robaron 42 mil 800 autos asegurados en todo el país, la mayor cifra desde 1989. Son poco más de siete  mil autos por mes y 237 por día. En este año dicho delito creció 31 por ciento, respecto a 2016.

Por otra parte, esta semana se dio a conocer otro dato más, el de homicidios dolosos con armas de fuego. De acuerdo con el SESNSP, de enero a mayo de 2106 se cometieron cuatro mil 523 asesinatos en esta modalidad, pero en este año subimos a seis mil 519 en el mismo periodo, un aumento por arriba del 40 por ciento.

Y por si todo lo anterior fuera poca cosa, la Asociación de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTD) denunció que, como resultado de la alta criminalidad, entre enero y abril, el sector padeció un incremento del 30 por ciento en delitos tales como: asaltos con violencia en sus establecimientos y estacionamientos.

Como consecuencia de lo anterior y con toda justificación, en su Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), el INEGI reveló este lunes que, al mes de junio, el 74.9 por ciento de la población consideró que vivir en su ciudad es inseguro. Esto significa que 3 de cada 4 mexicanos no se siente seguro; es un porcentaje altísimo, que además resulta 4.9 puntos más respecto al mismo mes de 2016.

Concluidos los procesos electorales del pasado 4 de junio, poco a poco va brotando la cruda realidad. En todos los casos abordados registramos las cifras más altas de los últimos años, de este tamaño son los problemas, pero también el fracaso.

Mientras esto sucede, el Presidente de la República opta por una alta exposición mediática, centrada en temas distantes para la sociedad, como si esto fuera suficiente para revertir la deteriorada percepción social hacia su gobierno.

Tal parece que los ciudadanos no solo seguiremos estando a merced de la inseguridad, sino también mucho más preocupados, precisamente, porque lo que está de por medio es la vida y la integridad personal y de nuestras familias.