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Encuentro altruista, de la poesía al lienzo

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

Junto a las esculturas neoclásicas del Corredor Cultural Álvaro Obregón, en la colonia Roma, desde el viernes primero de junio, a las 12 del día, los paseantes podrán conocer otras obras plásticas, todas ellas de artistas mexicanos que se sumaron a la causa altruista Encuentro, de la poesía al lienzo, una iniciativa de Oskar Santoscoy.

El propio poeta explica el origen de este esfuerzo: “Encuentro, de la poesía al lienzo, es una exposición que invita a 17 artistas, entre ellos pintores y fotógrafos. Yo tenía algunos haikus, que he escrito a raíz de mi regreso del Japón, luego de que fui a estudiar literatura allá. No sabía si publicarlos como los otros poemas. Se me ocurrió realizar una exposición de haiku, precisamente porque el haiku es una estructura de 17 sílabas, fue que decidí reunir a 17 artistas únicamente. Todos ellos son amigos míos de muchos años. Me fui reuniendo con ellos, para platicarles la idea. Todos se mostraron muy entusiasmados y muy agradecidos por la invitación”.

Cada invitado eligió uno de los haikus del poeta, para interpretarlo a través de su respectiva obra: “Yo les di dos meses para que entregaran su trabajo, todos con el mismo formato. Lo más extraordinario de todo es que se trata de una exposición altruista”.

Los artistas donaron sus obras a la causa. El conjunto de las 17 piezas recorrerá siete sedes, al término de la última exposición, se llevará a cabo una subasta. El 100% de lo que se recaude, se donará a causas benéficas.

“Lo obtenido se les entregará a dos instituciones serias, con una trayectoria de más de diez años: Solo por ayudar y el Grupo Altía IAP. El 30% se les donará a las instituciones que apoyan a las personas con enfermedades crónicas, como el cáncer; 30% será para beneficio de los adultos mayores; 30% para la mejora del medio ambiente y 10% para la educación”, dice Santoscoy, quien agradeció el apoyo de la directora general de Cultura de la Delegación Cuauhtémoc, Alejandra Sánchez, quien estará presente en la inauguración, junto a la directora académica de la Casa Lamm, doctora Claudia Gómez Haro.
ALGUNAS DE LAS OBRAS

El impulsor de esta iniciativa ofreció gentilmente a esta columna un recorrido por la muestra, entre Orizaba y Córdoba, en el camellón arbolado de la avenida Álvaro Obregón.

Federico Kumpf, en su óleo sobre lienzo Sucede el beso, ilustra el haiku de Santoscoy que reza: “Los ojos cierran mientras se abren los labios: sucede el beso”. La pintura simbolista expresa el misterio de los
encuentros íntimos.

Vacuidad, arte objeto de Arantxa X. Rodríguez, recrea los resplandores triangulares de las piedras preciosas, y dialoga con otras letras de Oskar Santoscoy: “Las nubes caen en ligeros diamantes: luz congelada”.

Luna, un temple con hoja de oro y plata sobre lino, de Antonio Nieto, establece una metáfora entre la luna llena y el cuerpo femenino juvenil. Esta pieza ilustra el poema “Entre las plantas insistes esconderte,
luna de plata”.

El acrílico sobre lienzo Los vientos soplan, de Vicky Sidaue, es una metáfora visual: las hojas perennes se mantienen verdes, las caducas se han vuelto rojizas y se las lleva el viento: “Danzan los vientos, las hojas son el cuerpo del firmamento”.

Rafael Gual creó la acuarela sobre papel de algodón El estanque, para el poema que expresa: “Brinca la rana, el estanque contempla: salta con ella”. El público notará la humanidad del anfibio que protagoniza
este cuadro.

En Paisaje interior, óleo surrealista de Daniel Calderón, un piso antiguo se va transformando en agua dulce. Sobre ella florecen los lirios y se levanta un recinto místico. Se inspira en el haiku “Buda medita, en su interior encuentra fulgor del alba”.

De Alfredo Nieto es el óleo sobre tela Pétreo, un paisaje agreste, donde no crece la vegetación, ni los cultivos humanos. Sin embargo, es digno y majestuoso. Esta pieza ilustra el poema “Piedras ancestras, cuando caen las aguas surgen sus canas”.

Espejo, de Arturo Sotomayor, también sigue la vertiente surrealista. Una joven, de perfil, sostiene en sus manos un espejo circular, pero tiene los ojos vendados. Su enigma
dialoga con el haiku “Es un narciso. El templo se enamora de su reflejo”. Daniel Ponzanelli presenta un óleo sobre lienzo de ejecución clásica, Soplo del alba, que integra lo humano con los elementos naturales, como lo expresan las letras de Santoscoy: “Soplo del alba, cobijas las montañas bajo tu velo”.

La fotografía está presente con Corazonada, de Emilia Duclaud, una tempestad de luz y nubosidades en rojo. “Acto supremo de la naturaleza: corazonada”, dice el poeta en diálogo con la imagen.

El influjo del art déco, en especial de Tamara de Lempicka, se advierte en el óleo sobre tela de Alán Negrete, En tu mirada, donde el idilio es un ballet intemporal, como lo expresa Oskar Santoscoy: “En tu mirada auguro tu destino junto conmigo”.

David Eisenberg, famoso como el retratista de las personalidades públicas, participa con un paisaje en que la modelo regresa al paraíso. “Sobre tu brazo, tres notas musicales de tu destello”, dice el haiku en que se
inspira la imagen.

La pintora surrealista Mariana Tapia toma parte en la muestra con Ocaso, óleo sobre lienzo que integra la mitología mediterránea con el paisaje del lejano oriente. “En el estanque, racimos de tilapias son el crepúsculo”, es el poema del que parten los pinceles: los resplandores color naranja rojizo de los peces producen su propio ocaso.

“Es una labor 100% altruista y es lo bonito de este esfuerzo, porque el coleccionista sabe que, al adquirir una obra, apoya con su dinero a los niños con cáncer, a la tercera edad, a la ecología y a la educación, por gusto, pero además tiene la satisfacción de quedarse con una obra bellísima, con una trayectoria en las diferentes galerías y museos de la Ciudad de México y expuesta en los corredores más importantes”, comenta el poeta.
UNA TRAYECTORIA EN LAS LETRAS

Acerca de su obra literaria, Oskar Santoscoy refiere: “Desde que yo recuerdo, escribo. Siempre me han atraído las hojas blancas. Cursé la carrera de artes dramáticas, empecé en una escuela de Televisa que se llama el Centro de educación Artística (CEA). Me especialicé en un método de Lee Strasberg. En comunión iba realizando la literatura.”

El vínculo entre ambas artes fue definitivo para el poeta: “En la carrera de arte dramático hay un apego constante, una comunión total de la literatura: el actor tiene que conocer las obras de teatro, hacer obras de teatro, desmenuzar los textos… A raíz de todo esto fue cuando empecé a ver el mundo, el cosmos infinito, de lo que es la literatura”.

Oskar Santoscoy ganó el premio de la Agrupación de Críticos y Periodistas de Teatro, como mejor actor del monólogo, por su obra El viaje de libertad en un instante.

La actividad del artista se abocó entonces a nuevos caminos: “Después de ganar el premio, empecé a dirigir teatro, performance que presentábamos en las delegaciones. Las delegaciones nos pedían obras de teatro para representarlas el 15 de septiembre, el Día de Muertos, todas estas fechas conmemorativas. Después empecé a estudiar el misticismo y a la hora de meditar, esa voz interior surgió cada vez más. Entonces decidí dejar todo y canalizar mi energía a la poesía.”

Oskar Santoscoy empezó a publicar sus poemas en los periódicos. Más tarde, combinó la poesía con el arte escénico: “Una vez hice una poesía muy larga sobre el Día de Muertos, y la llevé a escena con actores. Esos fueron los primeros destellos”.

El joven autor declara que en realidad escribe poesía, no libros. Los poemas se reúnen luego en forma de libros. Respecto al proceso creativo, considera que no hay una regla: “Seguramente hay autores que tienen una facilidad extraordinaria, se sientan y escriben grandes obras. Y también creo que hay personas a quienes les cuesta mucho trabajo. En lo personal, la literatura para mí es una vivencia. Yo transcribo aquello que me modifica. Eso a la vez me facilita la escritura. Sin embargo, hay veces en que sostengo una lucha constante con esas palabras que se me esconden, que quiero decirlas. A veces son ríos constantes de letras, de sílabas, de palabras, y se puede escribir con una facilidad extraordinaria, a veces, como dicen varios colegas, hay que tener ‘horas-sillas’. Ese es el trabajo del escritor. La inspiración para mí no es un trabajo, pero las horas-silla sí, porque hay que esperar hasta que se ilumine esa palabra, que te puede hacer tu poema, tu texto.”

Acerca de sus influencias, el entrevistado dice que toda la literatura es inspiradora, “pero creo que la obra que más me ha guiado, tocado y dado lucidez, es la poesía hindú y la poesía mística: Rumi, Tagore… En México tenemos grandes poetas, y todos son inspiradores”.

Santoscoy piensa que en esta época la poesía es esencial: “Hay que alimentar el intelecto, es como el cuerpo, si no se le alimenta, no se nutre. Debemos buscar la lectura, porque si no, el intelecto no está sano, no está nutrido. Su alimento es la lectura”.

Agua del alba y Corazón del viento, son dos de los libros de Oskar Santoscoy que los lectores pueden hallar en las librerías.

Finalmente, a los jóvenes que sientan la vocación de escribir, el poeta sencillamente les sugiere: “¡Que escriban! Al pintor lo hace pintar, al escritor lo hace escribir. Los estilos, las técnicas, hay que conocerlas. Como decía Dalí, para romper las reglas, primero hay que conocerlas”.