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Enrique Peña Nieto y el espionaje en México

  • José Luis Camacho

El gobierno mexicano investiga a criminales, no a periodistas.

Lic. Miguel Ángel Osorio Chong

Secretario de Gobernación

En la entrevista que el general Salvador Cienfuegos Zepeda, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional, concedió al periodista Carlos Benavides el 29 de junio de 2015 en el periódico El Universal, destacaba algunos de los riesgos que México enfrenta en su seguridad nacional, siendo uno de ellos la ciberseguridad o ciberataques, derivado de los avances tecnológicos que están al alcance de cualquiera por sus bajos costos y precios.

Un año más tarde, Wikileaks revelaba un paquete de cerca de nueve mil documentos que exhibían las técnicas y códigos de programas espías que la inteligencia estadounidense utilizaba para infectar computadoras, celulares y televisiones de objetivos, no solo en territorio estadounidense, sino en todo el mundo.

Dichas revelaciones provocaron airados reclamos por parte de jefes de estado espiados por el entonces presidente Barack Obama, tales como la canciller alemana Ángela Merkel y la presidenta brasileña Dilma Roussef, entre los cuales también se encontraba el presidente de México, Enrique Peña Nieto.

Desde entonces quedaba claro para todos aquellos que utilizamos un teléfono celular inteligente, una pantalla de plasma o una simple computadora, que nuestra privacidad podía ser vulnerada en cualquier momento, riesgo del que no se escapa ni siquiera un jefe de estado.

No obstante, el pasado lunes el periódico estadounidense The New York Times publicó un reportaje en el que con aseveraciones temerarias pero sin ninguna prueba, insinuaba que el gobierno mexicano había adquirido un sistema que podía utilizar no solo para llevar a cabo tareas de inteligencia contra posibles delincuentes, sino también contra periodistas incómodos y defensores de los derechos humanos. No me explico cuál fue el criterio del diario para no señalar al propio gobierno estadounidense, que está más que comprobado que sí posee esa tecnología y ha hecho mal uso de ella.

Pero como si al publicarse en un medio extranjero se tratara de la verdad absoluta e incuestionable, de inmediato se dio por cierto y se acusó al gobierno mexicano de espía y violador de derechos humanos de las personas señaladas, quienes de inmediato salieron a las cámaras a explicar acomedidamente la mecánica del intento de espionaje y algunas de ellas señalaron al gobierno como el responsable, de nueva cuenta sin ofrecer pruebas más que sus dichos y creencias. Y quien acusa está obligado a probar.

Se trata de un “escándalo” que se suma a aquel que la noche del 21 de agosto de 2016 se anunció con bombo y platillo que haría temblar a la Presidencia de la República y que resultó en una absurdez y evidencia de la subjetividad, coraje y saña con que algunos pretenden hacer periodismo en México.

Bien lo decía Jacobo Zabludovsky, cuando el periodista deja de ser el transmisor para convertirse en la noticia, está haciendo una actividad distinta al periodismo. Y pareciera que a algunos periodistas ya les gustó ser el centro de atención a costa de su credibilidad y prestigio.

En este contexto es que el presidente Enrique Peña Nieto habló del tema el pasado jueves, negando cualquier intento del gobierno por llevar a cabo una actividad de espionaje en contra de periodistas y activistas, instando a la Procuraduría General de la República a realizar una investigación, deslindar responsabilidades y fincarlas a quienes pudieran ser responsables.

Resulta necesario que en México privilegiemos las agendas de temas urgentes y necesarios de atender y dejemos de prestar atención a agendas personales.
camachovargas@prodigy.net.mx

@jlcamachov