imagotipo

Entrampados por la impunidad y la venganza / El Agua del Molino / Raúl Carrancá y Rivas

  • Raúl Carrancá y Rivas

¿ Todos los seres humanos, sin distingo, tenemos derecho a los derechos humanos? ¿Todos tenemos derecho a ser defendidos, con independencia de los delitos que hayamos podido cometer? El otro día platicaba sobre ello con mi entrañable amigo y colega, el licenciado José de Refugio Rodríguez Nuñes, y lo comentábamos, porque tal pareciera que no estamos preparados para ello, cuando que todo ser humano por el hecho de serlo es digno de ser defendido. Sí, es difícil para la sociedad asimilar en toda su magnitud lo que implica el reconocimiento pleno de los derechos humanos y vivir, en consecuencia, respetando al Estado de Derecho. Lo que priva en el ánimo del ser humano es un innato sentido de la venganza a ultranza, que le impide aspirar a constituir verdaderamente una sociedad civilizada. Estamos ávidos de escarmiento, de desquite, de hacernos justicia por propia mano, tal pareciera que vamos hacia atrás en la historia y que en vez de buscar la forma de poder reencauzar a nuestros semejantes en la búsqueda de los más altos valores, solo buscamos la manera de cómo satisfacer lo que creemos nos ha sido afectado.

Lo lamentable es que olvidamos que, la que en verdad resiente la agresión entre los seres humanos es la propia sociedad, que se ve arrastrada por las pasiones y no por la razón. Por ello, difícilmente llegaremos a un acuerdo, estamos tan heridos por la corrupción y la impunidad que muchos ya no pueden concebir siquiera que un presunto culpable de algún ilícito, ya no digamos aquel a quien se le ha acreditado su responsabilidad penal, pueda gozar y exigir el respeto a sus derechos humanos. El escepticismo y la impotencia que nos ahogan contribuyen a ello; de ahí la tendencia en muchas de nuestras comunidades, lo mismo urbanas que rurales, de aprehender y ajusticiar a todo al que se detecte en la presunta comisión de algún delito, aún sin llegar a comprobar su plena responsabilidad. ¡Cuántos y crecientes casos tenemos de linchamientos en la mayor parte de nuestras entidades federativas, comprendiendo la ciudad capital! Qué decir del linchamiento social, mediático, al que la sociedad recurre cada vez con mayor frecuencia en las redes sociales. El nivel de escarnio y vituperio al que se puede llegar es cada vez mayor, pero es explicable este fenómeno. Insisto. Estamos cansados de que la autoridad no cumpla con su deber, de que la corrupción se imponga y de que los culpables sigan libres, gozando de total impunidad. Consecuencia de esta lacerante crisis de autoridad y moralidad, es la actitud, en ocasiones intransigente e irreflexiva, del cuerpo social que no la tolera más y en la que está entrampado.

¿Esto justifica nuestra respuesta social? Categóricamente no, porque mientras no seamos capaces de respetar los derechos de todos los que integramos a la sociedad, comprendidos aquellos que puedan ser responsables de la comisión de algún ilícito, nos estaremos privando de poder construir una sociedad realmente civilizada, olvidando que solo una sociedad que respeta la dignidad de la integralidad de sus miembros, es la que puede aspirar a garantizar una mayor justicia. Fomentar el odio y la venganza sociales solo nos alejan del camino. Calderón de la Barca decía: “la venganza no borra la ofensa”, y tenía toda la razón, pues como a su vez lo sentenciara el Barón de von Humboldt, “la ofensa reclama venganza y la venganza es una nueva ofensa”. Reflexionar al respecto es más que nunca oportuno, sobre todo en momentos en que el Senado de la República discute la iniciativa de la Ley General en Materia de Tortura, pues de no meditarlo con seriedad y prudencia, lejos de avanzar, ahondaremos nuestra crisis social.
Sígueme en Twitter:@RaulCarranca

Y Facebook: www.facebook.com/despacho.raulcarranca