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Entre piernas y Teolnes: Psico/embutidos

Hugo Hernández / El Sol de México

Una de las maravillas del teatro es su carácter efímero. Una vez que termina la función, lo único que queda es el recuerdo, la sensación, la vivencia que cada uno de los actores y los espectadores se lleva consigo.

Esta reflexión tan obvia me viene a la cabeza una vez más, luego de ver Psico/embutidos, un montaje alucinante que por una cortísima temporada, que hoy concluye, se presentó en el museo del Chopo, por los rumbos de Santa María la Rivera. Y es que la inmediatez y la fugacidad teatrales son doblemente evidentes en esta puesta en escena, en la que se reúnen los talentos de dos brillantes hombres de teatro:
Richard Viqueira y Luis Mario Moncada.

A Richard Viqueira lo conocí gracias al maravilloso montaje de Vencer al Sensei, escrito, dirigido y protagonizado por él; al que siguieron las también estupendas puestas en escena El Evangelio según Clark Kent, Ternura Suite y Cuerdas.

En el caso de Luis Mario Moncada lo he admirado primero como actor, en el inolvidable montaje de Los Negros Pájaros del Adiós; después como dramaturgo (Opción múltiple, El motel de los destinos cruzados, Códice Tenoch, entre otras); y también como docente y promotor del teatro.

Hoy, suman sus talentos en un montaje para el que sólo hay un adjetivo posible: ÚNICO.

ÚNICO, así con mayúsculas, porque es de esas propuestas escénicas que dejan huella.

Se trata de Psico/embutidos, al que Richard ha subtitulado de manera muy atinada como una “Carnicería escénica”.

Las cosas suceden así: la cita es en el museo, que da cabida a 40 personas por función (los boletos están agotados y la temporada termina este domingo). Al llegar, el público es dividido en dos: unos como participantes, otros como observadores; estos últimos pasan a una gradería desde donde verán el montaje. Los participantes reciben un instructivo en el que se les advierte que se trata de un montaje itinerante, y que el recorrido incluye toboganes, escaleras, espacios pequeños, por lo que se recomienda usar ropa cómoda y no se permite el ingreso ni con bolsas, celulares, llaves, cámaras, mochilas, gorras…

Una vez listo, arranca el recorrido. De uno en uno, los 40 espectadores suben a un andamio, en el que en diferentes niveles cada uno de los actores (entre 12 y 15) realiza su escena en la que interactúa con el espectador en cuestión.

Dos o tres minutos dura cada escena, pero están tan bien hilvanadas y representadas que es tiempo suficiente para recibir un mensaje impactante, que llega al corazón y al cerebro; que pega, conmueve, impacta y luego de subir, bajar, tirarse en toboganes o cantar en compañía de los actores, (ellos completamente desnudos) siente uno que ha asistido a una especie de ceremonia, de acto ritual, chamánico, o una sesión terapéutica colectiva.

Escrito y dirigido por Richard Viqueira, y representado por los actores de la Compañía de la Universidad Veracruzana, de la que Moncada es director artístico, Psico/embutidos, es de esos montajes que se le quedan a uno en la memoria para siempre.

 

 

Me obligaron a ir; no me arrepiento

Claudia Romero

Mi compañero de columna me dice un día, ¡tienes ya tu boleto para lo que está haciendo Richard Viqueira en el Museo del Chopo. ¡Pero si lo único que me ha gustado de Viqueira fue Cuerdas!, contesté. Ve, porque solo estarán este fin de semana. No puedo, etc. Al día siguiente uno de los colaboradores del programa de radio por internet, en el que participo (Desafora2) me dice que tiene dos boletos para ver lo que está en el Chopo y no nos lo podemos perder. Me rindo. Voy a ver lo que tenga que ver. Así de imperativo es “el boca a boca” y lo efímero de las temporadas
teatrales.

No me arrepiento. Una experiencia escénica única, muy intensa por el bombardeo a los sentidos y una historia fácil de seguir, por lo menos sin abstracciones. Esas vienen después. Primero las advertencias, ropa cómoda, no celulares (y en serio, hay que meterlos en lockers, no hay de otra y no es metáfora), estarán a ocho metros de altura y en espacios casi claustrofóbicos, ¿están dispuestos? Pocos lugares. Vamos pasando por grupos, de a poquitos. Te sientan alrededor de un dispositivo escénico, con toboganes y escaleras, como un juego de serpientes y escaleras en tercera dimensión. Plataformas con actores desnudos. Cada vez que suena la chicharra, un miembro de los asistentes sube o va a la plataforma que sigue por los toboganes. Aquí empieza la feria. Un viaje por el tubo digestivo con una historia que nos confronta con la muerte. Además hay observadores, es decir otros espectadores que solo ven e intuyen lo que pasa. El fenómeno desde fuera es muy especial, porque quienes no están en el dispositivo, poco se enteran del hilo conductor, sin embargo ven interactuar actores con público y queda claro que siempre pasa algo distinto, pues hay quienes terminan desnudos o abrazados con los actores.

El texto está armado específicamente para La Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana, eso la convierte en una ficción personal y el compromiso trasciende lo lúdico. La escenografía, a cargo de Jesús Hernández está increíble, aunque el espacio está abierto, uno se termina perdiendo al integrarse al dispositivo. El espectáculo tiene tres formas de vivirlo: una exposición de video instalación, dentro del museo que estará hasta el dos de octubre; dentro las presentaciones escénicas y como observador. Ya solo hay boletos como observador. Esperemos
regresen pronto.