imagotipo

Erotizarse, ¿cuestión de adultos?

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Un amigo mío (esos que uno puede tener en la vida, extraños, pero entrañables), asegura que la pornografía es necesaria para el espíritu, y yo no hago más que reírme cuando lo suelta en la mesa en que nos encontramos. Él ya bebió varios whiskys, y yo solo agua. Eso a veces me pone de mal humor, porque no entiendo bien a bien los caminos que recorren los pensamientos con el influjo etílico. No puedo hacer nada al respecto, porque estoy tomando medicamentos para la gripe. Sin embargo, ahí estoy.

Entonces se me ocurre preguntarle, solo por reñir, que ¿de cuál espíritu nos habla? Sí, me secunda otra chica, ¿el espíritu?, ¿nuestro espíritu? O ¿tú espíritu?,¿qué tipo de espíritu?, agrega ella muy divertida.

Él, nos mira con intensidad, su rostro no marca duda y notamos el desaire a nuestro cuestionamiento. Desde luego que no da respuesta al problema filosófico y/o material del espíritu. Decide en cambio, dar un beso a su novia, a quién tenía al lado, la estrecha por la espalda -mientras ella no emite palabra-, se levanta de la silla, coloca su mano en el trasero de ella y agrega: -Nos retiramos. Ella lo sigue embelesada, como si el cabrío hubiese triunfado por su grandilocuencia, y desconozco si hayan hablado sobre pornografía, espíritu…, o hayan silenciado el pensamiento y permitido al cuerpo solazarse de espíritu, procurando tenacidad en la faena y retozarde gozo.

Lo divertido de todo esto, es que yo me quedé con la frase ésta y comencé a hacer un retroceso en el tiempo, revisando mis estantes mentales. Debo decirles que he visto suficiente pornografía, de la más ligera y estética, así como de la guarra, y la verdad es que nunca me generó adicción. Me aburre, por decir lo menos. Si no hay progresión dramática, si no hay historia y puro cuchi-cuchi, las mismas posiciones siempre y todo igual, del principio hasta el final de la relación, una tras otra, no me genera gran entusiasmo.

Recuerdo que entre lo primero que me encendió la libido en la infancia fueron las historietas de Susy, Secretos del corazón. A una tía mía, a la que quiero mucho, se le ocurrió darme a leer unas que tenía guardadas, y mis padres, tan pendientes de mí en esos san quintines, se ruborizaron y me prohibieron leerlas, pues sabían que me podría erotizar, y ¿cómo a mi edad? Si erotizarse era cuestión de adultos. Las historias éstas, eran tan cursis y románticas, como podía ser yo a los 8-10 años. Además, qué bien que quisiera leer, que me interesara, pero…, a disfrutar lo prohibido.

Camina por mi memoria, que en la secundaria me dejaron leer La Navidad en las Montañas de Ignacio Manuel Altamirano, y aunque de esa historia casi ni me acuerdo, en el mismo libro, de Editorial Porrúa, se incluía: Clemencia, una gran novela romántica, que esa sí, me llevó al temblor y taquicardia que tanto necesitaba mi cuerpo en su recién estrenada adolescencia. Afortunadamente mis padres no habían leído Clemencia, ni cÓmo lleva al suplicio a Fernando, el militar enamorado de ella.

Después, les he contado ya, me leí muchas historias rosas de Corín Tellado en las revistas Vanidades de viaje. Me pasaba tardes enteras de vacación pueblerina, comiendo mango y pasando páginas, con una de mis primas de la edad. Con esa misma prima, Gladys se llama, también de repente, veíamos en cable los canales que mi tío quitaba para que las juventudes no vibraran. ¡Pero mi prima era muy lista! Así que las primeras imágenes de porno, son las que nos encontramos en la televisión. Aclaro, mi prima no me pervirtió, por si alguno pudiese pensarlo. Ella hoy es una de mis primas favoritas, que tiene la mezcla perfecta de tradición y emancipación. Además, no es arrogante, sino fenomenalmente sencilla.

Del romanticismo total, llegaron a mis manos: Impaciencia del Corazón de Stefan Zweig, Rojo y Negro de Stendhal, Madame Bovary de Flaubert, Werther de Goethe. De solo recordarlas, me hacen nudo las entrañas nuevamente, y de ahí, solo un paso hacia las fotonovelas, y luego, otro pequeño brinco a la literatura erótica, mi primera favorita: Anaïs Nin.

Ah, pero les cuento también, que me encanta ir a los hoteles con jacuzzi, y es ahí en dónde comencé a ver más porno, ya después me hice de mis películas, desde luego que las conseguía en Tepito y Balderas, con verdaderos conocedores del cine de autor y de la pornografía más excéntrica. Me revisé todo Tinto Brass –mi adorado-, Pier Paolo Pasolini -que está como su apellido-, incluso también llegué a comprar en algún puesto de periódicos videos caseros, hasta hechos en México, pero no, no me generaron adicción, no se rían, solo fueron momentos de aprendizaje. Cierto, hoy puedes encontrar un montón en la red.

La realidad de las cosas, es que no necesito ver porno para motivarme, pues si fuera así, que triste estaría mi libido y triste aquél que compartiera conmigo la imaginación de mis manos en su cuerpo y los hallazgos que podemos alcanzar, con verdadera progresión dramática. De un pianissimo, in crescendo, hasta un fantástico allegro molto vivace.

¿Querrían, lectores míos, compartir con esta: Mujeres en busca de Sexo, algunos de sus hallazgos textuales, literarios y de cine-video, favoritos?
Comentarios: celiatgramos@gmail.com