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Esa costumbre de pasarse de vivas

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“No creo que seamos mejores que los hombres,

pero sí que tenemos un cromosoma extra

que nos hace más complacientes”

Madonna
Pongo por título: Esa costumbre de pasarse de vivas, porque a fin de cuentas, así se nos tilda muchas ocasiones; y eso que en realidad, tantas y tantas somos tan inofensivas (bueno, yo no tanto. De hecho, me concentro en no serlo). Sumado, ese mote, a un prototipo de belleza femenina que se han esforzado en enaltecer ustedes, caballeros, y después, nosotras, pensando en no sé qué desorientada araña.

En realidad no estoy muy segura sobre qué nos puede molestar más a las mujeres, si no sentirnos lo suficientemente inteligentes para salir airosas de cualquier situación que se nos presente o dejarnos someter a los modelos corporales impuestos, con su consabido revestimiento en la moda. Finalmente, parece que ambas cuestiones, están enraizadas en el cerebro y en la visión que tenemos del mundo.

Pero, ¿llegamos al universo con una visión ya del momento histórico que vivimos y sus referencias anteriores?

En lo personal, cuando leo en un texto, que la mujer se resigna, así sea un cuento o historieta, me enoja. Cuando la mujer se conforma, me lacera. Cuando actúa ingenua, como si fuera demasiado boba, me molesta. Cuando es muy astuta y curiosa, y al final le va muy mal, me entristece. Cuando pareciera que no tenemos remedio para comprendernos entre unos y otras, no me lo creo. Cuando me repiten algunas personas, que todo es circular, en verdad que me encabrono.

Cuando escucho como constante que la mujer es el demonio, en charlas varoniles, aun de broma; y los dichos de siempre, que incluso las mujeres repetimos: “a la mujer ni todo el amor ni todo el dinero”, o uno que se supone mencionamos las féminas: “Un hombre sin cuernos; es un animal indefenso”, mis amigas y yo nos preguntamos,¿cuánto daño nos hemos hecho entre hombres y mujeres o entre mujeres y hombres? Basta con que escuchemos unas cuántas canciones.

Pensamos entonces también, que jamás hemos podido remontar a la inquisición ni a las brujas. Esas historias de alguna manera, perviven. Y desde luego, no fueron provocadas por las mujeres, sino por los varones, quesque para mantener los equilibrios. ¡Qué maravilla! Estoy segura que las mujeres no nos sentimos muy importantes por el hecho de llevar esa gran carga, diseñada por el poder político y eclesiástico.

Peor todavía. Resulta que insatisfechas con todas esa cacería, las mujeres decidimos aumentar el nivel, no solo tragándonos eso de que nos pasamos de vivas y por ello aceptamos tanta fregadera; sino viviendo una lucha intestina entre mujeres, como en los tiempos inquisitoriales, entre aquellas que se consideran lo suficientemente mojigatas y aquellas que son honestas consigo mismas. Luego los varones, se tragan eso de que deben ser mujeriegos, proveedores, perpetuar la especie –aunque ya seamos un friego-, dominantes y machotes…

Además de pasarnos de vivas, resulta que es una costumbre, ni siquiera una cuestión evolutiva. Este mundo con verdades absolutas, sin tiempo ni espacio.

Pongámonos en igualdad de circunstancias cerebrales y emotivas. De verdad, analizando las cosas: ¿los hombres quieren a las mujeres bobas, tontas, sumisas, sin ideas propias? ¿Quieren una mujer que no se supere y por la que no luchen cada día y traten de hacer las cosas diferentes?

Será que sí nos pasamos de vivas, será que somos tan irresistibles para someter a nuestros designios a los varones, será que estarían dispuestos a dar la vida por nosotras.

Será que los varones se pasan de vivos, será que son tan irresistibles que nos sometemos sin chistar a sus designios, será que estaríamos dispuestas a dar la vida por ellos.

Buscamos ser únicas, y nos estandarizamos. Mis amigas y yo, creemos que cada vez damos menos. ¿Hasta dónde estamos dispuestas a llegar por el otro, a hacer, a dar? Estamos seguras que podemos amarnos tanto… Existir es remodelarnos.
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