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Esa pegadiza corrupción

  • Francisco Fonseca

El tema trillado de cada día es el de la corrupción. Dice el diccionario que es alteración, vicio o abuso en las cosas y además es la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de las organizaciones en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

Todos los días los medios de comunicación destapan cenagales y cloacas en los ámbitos público y privado. Y los comicios en el Estado de México están a la vuelta de la esquina. Y seguramente allí habrá corrupción.

Cada día que pasa nos percatamos más de lo extendida que está la corrupción en nuestros tiempos. Sin embargo, creo que no solo en nuestros tiempos, sino desde que el hombre ha pisado la faz de la Tierra. La corrupción es el mal de la sociedad que descompone todo lo que alcanza. No tiene límites ni medida, no se detiene ante nada. De hecho, no se detendrá. Se terminará cuando el último cierre la puerta. Y posiblemente quede alguien afuera para sembrar otra vez la semilla.

Vemos, cada vez con más frecuencia, ejecuciones, secuestros, detenciones, consignaciones, encarcelamientos. Oímos de sobornos, compras, cohechos, extorsiones, pagos indebidos, seducción. Aquí están involucrados todos los servidores públicos que usted imagine. No escapa ningún nivel ni área alguna. Obviamente esto no es privativo de nuestro país ni del poder público. Se da a nivel mundial y con más fuerza y frecuencia que aquí. Y es una vergüenza pero no se hace algo, se hace nada. Las autoridades cierran los oídos, reina la impunidad.

Tampoco es privativo del gobierno. En los negocios particulares, en la iniciativa privada prevalece. Como ejemplo pequeño, el taxista que cobra 30 pesos más porque es muy lejos o es de noche, es corrupto. Y también el tendero que vende kilos de 800 gramos, o el franelero que mienta madres porque solo recibió una triste moneda.

Sin embargo se produce un hecho muy significativo en nuestra sociedad: la pérdida de la capacidad de asombro. Uno de esos aciagos momentos para la sociedad que confiaba en su autoridad policial fue la detención, allá en la década de los ochenta, de quien fuera jefe de la Policía de la Ciudad de México de apellido Durazo. Y ni por eso nos asombramos. Después se han dado innumerables asesinatos, denuncias, detenciones, consignaciones, fugas al extranjero, regresos del extranjero, arraigos, etc., que no tendría memoria ni papel. Los medios de comunicación juegan aquí, hoy y siempre, importantísimo papel. Es tal el bombardeo de información que se genera en cada caso, que el siguiente debería ser más importante.

Los medios de comunicación están encontrando, cada vez más, una razón de supervivencia importante; las denuncias contra la corrupción y el eco que resuena y hace temblar gobiernos. Están surgiendo periodistas con valentía y coraje, la mayoría finge, la minoría actúa apegada a sus convicciones. Lo interesante sería conocer hasta qué punto se encuentra desarrollada la corrupción dentro de los mismos medios. Porque no podemos dudar que la corrupción también se enseñorea allí y más incisivamente.

Es mucho lo que hay que hacer para revertir la corrupción, la descomposición social y construir, crear nuevos seres humanos. Es el esfuerzo de la educación, de la cultura, de la justicia.
pacofonn@yahoo.com.mx