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Escatimar reconocimiento a las Fuerzas Armadas o la banalidad como noticia / Poder nacional/ Javier Oliva

  • Javier Oliva Posada

LONDRES. Hay cosas que como sociedad y Gobierno hacemos muy bien. Hay otras que por supuesto, nos fallan. Pero como estamos acostumbrados a no reconocer, a no aceptar, e incluso a negar, pese a la evidencia del éxito, es que no hemos podido dar el siguiente paso sobre la base firme de nuestros aciertos. Perdernos en la superficialidad de un amorío entre un delincuente de talla internacional y una actriz de mediana calidad, junto con el trabajo menos que mediocre, de un aprendiz de reportero, nos ha provocado perder de vista el trabajo institucional, paciente y coordinado, en primer lugar, de las Fuerzas Armadas.

La Armada de México, de nueva cuenta fue designada por el comandante Supremo de las mismas, para recapturar a uno de los más longevos y dañinos líderes delictivos en la historia. Con el refuerzo, apoyo y cobertura del Ejército Mexicano, lograron ir reduciendo su espacio de acción, contactos y acceso al dinero que tantas y tantas voluntades le permitió comprar a lo largo de los años. Los reportajes serios, realizados por periodistas que arriesgaron su integridad física para darle cobertura a tan relevante acontecimiento, dieron a conocer cómo se desplazaban decenas de camionetas con personas armadas que iban camino a rescatar a su jefe, custodiado en los primeros momentos, por solo dos valientes y honorables Policías Federales.

El entorno de la recaptura, es muy importante subrayarlo, a diferencia de la ocasión anterior, tanto la primicia como las primeras fotografías de la detención de Guzmán Loera, fueron dadas a conocer, por el mismo Presidente de la República, como por las Fuerzas Armadas. Fue muy interesante observar que tres elementos del Ejército Mexicano custodiaron y condujeron al líder criminal hasta un helicóptero de la Armada de México. No fue una casualidad, fue una fehaciente muestra de la colaboración, coordinación y apoyo para contener y someter a uno de los principales problemas que tiene nuestro país: las actividades del crimen organizado.

Por eso me llama la atención, la cantidad de espacio dedicado en los periódicos impresos y el tiempo dedicado en los noticiarios de televisión y radio, a aspectos menores pero que también evidencian la debilidad moral y estructural de nuestra sociedad que la llevan a involucrarse en graves problemas. ¿Saludar de mano y convivir con un multiasesino, traficante de drogas -por lo tanto, promotor de su consumo, y que a miles y miles de familias ha llevado a la ruptura-, tiene algo de sensacional, aporta al currículo profesional? He leído para mi asombro, que más de uno de los columnistas y reporteros de cierta influencia, confiesan que si por ellos hubiera sido, habrían entrevistado a Joaquín Guzmán, o bien, reconocen el bisoño reportaje hecho de memoria, por un actor, como un “aporte”.

En cambio, no les he leído, no digamos un párrafo, un renglón de reconocimiento a los trabajos de inteligencia y operación a las Fuerzas Armadas. Tan es así, que fue necesario divulgar el video del asalto a la casa de seguridad por parte del personal de élite de la Armada de México, para evidenciar el peligro, valentía y notable adiestramiento de los marinos. Y luego, como ya referí, la reconocible coordinación con personal del Ejercito Mexicano, para garantizar la vigilancia y traslado de Guzmán Loera. Desde luego que ante un acontecimiento de esta naturaleza, diversos puntos de vista, análisis, referencias, anécdotas, pero todo esto, no debiera perdernos la centralidad de los hechos que condujeron a su captura y devolver un poco de normalidad a nuestra agitada vida cotidiana. Lo demás, el resto de la historia, es propio de una novela banal e insustancial pero eso sí, y quizá por eso mismo, muy atractiva.

javierolivaposada@gmail.com