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Escondidos / Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

Los primeros indicios de la crisis financiera mundial, que se apoderaría del mundo con motivo del irresponsable otorgamiento de créditos hipotecarios en Estados Unidos, comenzaron a percibirse en agosto de 2007. Nueve años después sus efectos continúan. Ahora se perciben en el desempeño financiero y de producción en China, en Europa Occidental, en la Federación Rusa, y en las Repúblicas de Iberoamérica.

El 6 de agosto de 2007, American Home Mortgage, una de las hipotecarías más grandes de Estados Unidos, se declaró en quiebra. El 9 de agosto se congeló el mercado de créditos a corto plazo cuando BNP Paribas, un importante banco Francés, suspendió las operaciones de tres de sus fondos de inversión –cuya cartera era superior a dos billones de euros– y fundamentó su incapacidad para reportar el valor de sus activos porque “el mercado inmobiliario había desaparecido.”

Fue entonces cuando el mundo supo que los Bancos Centrales de las economías occidentales tendrían que proveer de liquidez a sus respectivos sistemas bancarios. El Banco Central Europeo le metió 95 billones de euros a los bancos de la Eurozona. Lo mismo hizo el Banco de Japón. La Reserva Federal de Estados Unidos, ese todo poderoso cártel de bancos privados que funge como el Banco Central estadunidense, comenzó a rellenar las cajas de sus principales sistemas bancarios y de los denominados Fondos de Inversión Protegida: “Hedge Funds”,  “fondos protegidos”, si se elige esa acepción de la palabra “hedge” que también significa “escondido, de vista obstruida, de percepción disimulada, disfrazada”. El nuevo diccionario Webster universitario publicado en 1967, define hedge como “claustro: enclaustrado por una barda ‘protectora’ que impide ver qué hay detrás”. Así eran los fondos protegidos. Para sus operadores hedge no significaba protección, sino “secretismo avieso”. Una larga, minuciosa, detallada síntesis del proceso hacia la crisis mundial la efectuó BBC News el 19 de mayo de 2008.

Desde hace dos semanas se exhibe en cines del DF “La Gran Apuesta”, “The Big Short”. Es una muy inteligente narración cinematográfica de los orígenes de la especulación que dejó secos a tantos bancos y a tantas economías del mundo. Ha habido ensayos de narración audiovisual, tales como “Too big to fall” (Demasiado grande para caer) y otras con títulos similares. Son muy técnicas, pletóricas del lenguaje bolsero de Wall Street.  Esta, “La Gran Apuesta”, The Big Short –la gran venta antes del vencimiento–, se distingue por los vehementes diálogos y explicaciones cuando los dos disciplinados y tenaces especuladores descubren la manera de hacerse multimillonaria si venden —con anticipación a su vencimiento: “short sale”– sus cédulas y compran de inmediato otros valores. Si se quiere tener mejor noción de los terminajos bolseros, es indispensable ver la película dos o tres veces una vez que se hayan consultado los dos tumbaburros: “Dictionary of Finance and Investment Terms” y su traducción: “Diccionario de Finanzas”. Las autoridades hacendarias y financieras mexicanas del sexenio 2000-2006 se enteraron de la especulación inmobiliaria al mismo tiempo que muchos ciudadanos comunes y corrientes.

Compartimos frontera larga con el país cuya historia nacional registra el mayor número de alteraciones financieras. Todas ellas han afectado al mundo y a México. No podría tener en Nueva York la Secretaría de Hacienda un grupo de disciplinados estudiosos –no jovenazos sino maduros— del menester especulativo que anticipen, como los dos chavos de La Gran Apuesta, los primeros indicios de otra criminal especulación de los bolseros de allí. Antes de irse que lean el breve estudio de Soros, respecto al “Nuevo paradigma de los mercados financieros”. Lo publicó en 2008.