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Escuela de niños migrantes

  • Crispín Bello

  • Crispin Bello

El conflicto suscitado el 22 de septiembre en la Escuela Primaria Alberto Correa, turno vespertino, ubicada en la colonia Roma, en la Ciudad de México, documentado por algunos medios, invita a la reflexión, sobre todo ahora por la importancia que retoma la educación inclusiva y la obligación de atención a grupos vulnerables.

El hecho, comento, deriva de la acción de las autoridades educativas de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y en especial de la Administración de los Servicios Educativos en la Ciudad de México en pretender que los turnos vespertinos que no cuenten con 15 alumnos se cierren y los menores se reubiquen o se fusionen en la misma escuela; en el presente caso el grupo de primer grado de educación primaria no tenía los 15 alumnos, le faltaba uno, por lo que la supervisora de zona, vía indicación superior, al pretender ejecutar esta acción, se encontró con la resistencia de padres de familia, quienes exigían la permanencia de sus menores hijos, bajo el argumento de que a un mes de iniciado el curso, sus hijos acudían a diario, que la docente destinada al grupo, cumplía eficientemente con el grupo, que en la logística en cuanto a salón y mobiliario no existía problema, y que si bien la instancia de la SEP obligada a regularizar la inscripción, no estaba concluida, los padres ya habían gastado en útiles y uniformes propios de la escuela.

Sin embargo, lo que quizá no se recuerda de esta escuela y de la población que atiende, tiene que ver, que en marzo del 2003, siendo presidente Vicente Fox, visitó esta escuela y el turno vespertino en especial, para poner en marcha el programa de Educación Intercultural Bilingüe, siendo esta escuela seleccionada como piloto para atender a menores migrantes, originales de los Estados de Querétaro, Puebla, Oaxaca, etc., que avecindados en la colonia Roma, Juárez, Centro y otras, solicitaban turno vespertino, presentando características especiales de lenguaje y hábitos propios de las comunidades de las que provenían, de hecho muchos de los padres de familia son artesanos y que los menores apoyan en la economía a sus padres en el comercio informal de la zona.

La maestra, María Elena Guerra y Sánchez, funcionaria de la SEP en esos tiempos, ante planteamientos de docentes, directores y de miembros de la Sección 9 del SNTE, y con una trayectoria de conocimiento en educación indígena, propuso la atención de esos grupos en una escuela, que resultó ser la primaria Alberto Correa, turno vespertino, a lo largo de más de 10 años, las condiciones han variado, perdiendo parte de su origen y ante nuevas normas, con las reformas y cambios, se dictan nuevas condiciones.

La población que atendía esta escuela en muchos casos, no era regular, se detectó, que los alumnos asistían en forma irregular al inicio del curso, muchos migraban en el receso de verano a sus pueblos de origen a la siembra y cosecha, por la temporada de lluvias, integrándose a mediados o finales de septiembre, por lo que al inicio del curso, la matrícula era baja, se regularizaban poco a poco, elementos que parece hoy no se tomaron en cuenta.

Conociendo el profesionalismo de la hoy Supervisora de Zona, que atendía a los menores a espera de su regularización, sin duda el tomar la decisión del cierre del grupo, no fue fácil, tampoco una decisión unilateral, como se señala, la indicación la recibe vía el documento SIP/109/2016 de la Dirección de Integración Programática de la Administración Federal de Servicios Educativos de la Ciudad de México, una indicación general para todas las escuelas primarias de la Ciudad de México, no solo esta escuela con una historia particular, se encuentra en estas condiciones, son varias en donde a un mes de iniciado el curso, les piden fusionar o cerrar grupos, en muchos casos sin oferta de otros centros escolares.

El nuevo modelo educativo, del cual se han concluido los foros, como se ha reiterado, con muy poca participación de los docentes frente a grupo, trata la inclusión como una forma de terminar con la discriminación a las comunidades indígenas, a la diversidad sexual, de ideologías, hay una clara referencia a un modelo humanista basado en el respeto y el fomento a los valores universales. Ojalá la autoridad educativa que la propone sea la primera en respetarla.