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¿Escuelas sin violencia?

  • Pedro Peñaloza

“Desconfío de la incomunicabilidad; es la fuente de toda violencia”.

Jean Paul Sartre

1. Entre el cinismo y la desmemoria. En un evento a modo, con público cautivo y escenografía de simulación, como ya es usual en los actos con maquillaje popular, el pasado 20 de febrero, los secretarios de Gobernación y de Educación Pública, anunciaron la firma del Plan de Acción por la Convivencia Escolar, que tendrá como propósito central “analizar los focos de riesgo” que en ocasiones no son detectados, según Osorio Chong.

El contenido del documento de marras no puede ser más superficial e intrascendente. Mencionar como propósitos, “no permitir el ingreso de armas a las escuelas” o defender el programa “Mochila Segura”, representa una visión elemental frente a un fenómeno multicausal y polisémico, puesto que ambas actividades son simples medidas reactivas y de impacto mediático. Además, y quizá la mayor debilidad de este tipo de actos y discursos oficiales, radica en que ahora se hable con desparpajo de un Plan de Acción para la Prevención Social de la Violencia y la Convivencia Escolar, cuando el Gobierno federal desapareció del Presupuesto de Egresos de la Federación del 2017 el Plan Nacional de Prevención Social del Delito y la Violencia, que había sido presentado al inicio de la administración peñista como el “cambio de paradigma”, frente a la pesadilla calderonista. Sí, les podemos llamar cínicos a estos desplantes sin que sea un insulto, es simplemente una descripción.

2. La ocurrencia como política pública. Es de llamar la atención que dos funcionarios de alto nivel, como los son Osorio y Nuño, exhiban tal pobreza conceptual y argumental en sus peroratas, no obstante la existencia de información oficial que ilustra y constata que la fenomenología de las violencias en los centros escolares tiene explicaciones exógenas y endógenas, cuyas variables superan “razonamientos” unívocos y primarios.

Veamos: desde 2010 hasta 2014 el índice de abandono por nivel educativo a nivel nacional ha mostrado datos preocupantes. Los porcentajes nacionales en los niveles de profesional técnico y en bachillerato, recopilados en el libro Una mirada Multifocal para (re)conocer a México, indican que en el primero ha oscilado entre 23. Dos por ciento y 19. 5 por ciento, en tanto, en el segundo nivel ha sido de entre 14 por ciento y 12.9 por ciento. (Peñaloza & Fernández, 2016:44). Dichas cifras deben ser analizadas desde una meseta multidisciplinaria y caleidoscópica, es decir, requiere despojarnos de lógicas unicausales o deterministas, que tanto gustan en el pequeño grupo de Los Pinos. Aquí una pregunta de investigación debía ser: ¿Cuáles son los detonantes que impulsan a los estudiantes de ese grupo de edad (15 a 18 años)a abandonar la escuela?

3. Los límites del Neoliberalismo. El Gobierno del joven imberbe ha exhibido las fronteras que tiene una administración dominada por la religión del mercado y el dogma de la reacción penal. Así las cosas, la clase política dominante no puede tener otra actividad más importante que garantizar que fluya el modelo de acumulación capitalista impuesto desde los centros financieros y ello exige endurecer las medidas punitivas contra quienes pudieran afectar con protestas sociales o hasta incluso los segmentos violentos de la delincuencia organizada, la orgia de la concentración de la riqueza.

Es en este contexto donde debemos ubicar la ausencia de una política nacional de protección a los niños, niñas y adolescentes por parte del Estado mexicano, por ello sus personeros únicamente proponen medidas cosméticas y frívolas ante las crecientes violencias que sufren millones de niñas, niñas y adolescentes en México. Pretender engañar con desplantes efímeros y efectistas resulta cada día más grotesco.
pedropenaloza@yahoo.com

@pedro_penaloz