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España en mí y otros poemas

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

“Es más difícil escribir cuando uno es feliz”, dice el poeta, narrador y dramaturgo bonaerense Alejandro Guillermo Roemmers, quien visitó México para presentar su poemario más reciente.

Argentina es tierra de escritores, ensayistas que abordan temas universales, dramaturgos que exponen con rigor los conflictos entre seres humanos, narradores que han reinventado el arte del cuento, novelistas que han innovado la estructura del género,periodistas abocados al gran reportaje, y desde luego, poetas, algunos clásicos, otros heterodoxos. Alejandro Guillermo Roemmers es uno de los poetas argentinos que en la actualidad cultivan la vertiente clásica.
UNA VOCACIÓN TEMPRANA

La gran aceptación de Roemmers entre los lectores jóvenes, demuestra que las nuevas generaciones se identifican con las formas poéticas rigurosas, como el soneto, y con los temas intemporales.

España en mí y otros poemas, es el libro más reciente del autor, nacido en Buenos Aires, en 1955. En esta antología, de 188 páginas, se reúnen 113 poemas que proceden de los cuatro primeros volúmenes de Roemmers: Soñadores, soñad (1977), Más allá (2001), Como la arena (2006) y La mirada impar (2014).

“La poesía es una buena compañera en la tristeza”, dice Roemmers, miembro de honor del Instituto Literario y Cultural Hispánico. El escritor asevera que la poesía fomenta el diálogo y el
entendimiento.

“Mi aproximación a la poesía siempre busca un aspecto espiritual, y tal vez, místico. Mi propósito es que el lector pueda experimentar una sensación buena, y que esté mejor que antes de leer el libro”. La familia de Alejandro Guillermo Roemmers le formó como hombre de negocios, responsabilidad que el escritor asumió plenamente, pese a que desde la niñez descubrió su vocación por la escritura; a los 14 años compuso sus primeros poemas, y a los 19 se ganó el II Premio de Poesía de la Universidad Autónoma de Madrid, donde cursaba la carrera de administración de empresas.

Roemmers se abocó durante 20 años a la administración del negocio familiar, pero siempre mantuvo su interés por las letras, por la arquitectura y el diseño. Aprovechaba los retazos de tiempo que le dejaba su agenda. En las salas de espera de los aeropuertos, se concentraba para componer sus poemas.

Una vez que hubo cumplido a cabalidad con sus compromisos, pudo disponer de más tiempo y mayores energías para retomar su
vocación.

“Cuando uno está más lejos de su verdadera vocación, más necesita regresar a ella”, apunta Roemmers.

Como les ha sucedido a numerosos artistas, Alejandro Guillermo Roemmers encontró aquella vocación tempranamente, a los ocho años. Los niños pueden ser ingenuos, pero también son sensibles, intuitivos y lúcidos. La familia pasaba unas vacaciones en Córdoba, a más de 800 kilómetros, al noreste de la capital rioplatense. En Córdoba, el visitante puede creer que transita entre reinos distintos, sin salir nunca de la región. Tanto la naturaleza como la obra humana cautivan prontamente al recién llegado, y le dificultan alejarse para regresar a su vida cotidiana.

La mar Chiquita, una de las lagunas saladas más extensas del mundo, la cordillera de Sierras Chicas, la Quebrada de Condorito, la Pampa de Achala, los bosques y ríos, las construcciones jesuitas, todo en Córdoba es cautivador para los viajeros.

Para un niño con la sensibilidad de Alejandro Roemmers, Córdoba fue un hallazgo que le impresionó de una manera indeleble. Cuando llegó el día del regreso a Buenos Aires y al colegio, decidió escribir unas líneas para despedirse de Córdoba. Su madre, sorprendida por aquella temprana manifestación literaria, decidió
guardarla.

La abuela deAlejandro Guillermo se dio cuenta de que a su nieto le gustaba escribir. “Ella empezó a recortar los poemas que se publicaban en los diarios, para dármelos. Era muy amorosa”, rememora Roemmers.
EL DESCUBRIMIENTO DE ESPAÑA

Cabe recordar que, en los antiguos libros de lectura, siempre se incluían poemas, que se intercalaban con las narraciones. Para los niños se elegían obras como La canción del pirata, de José de Espronceda, un llamado a la aventura que estimulaba la imaginación como los Viajes extraordinarios, de Julio Verne: Con 10 cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín. Bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín”.

En el colegio, los profesores le confiaban a Roemmers que eligiera los poemas. El poeta porteño rememora que algún mentor le comentó que escribía “como Machado”, pero aclara, “yo no conocía a Machado”.

Todavía estudiaba la primaria Alejandro Guillermo, cuando la familia se trasladó a España. La literatura que aborda a la infancia, en todas las épocas, ha expresado hasta qué punto esas mudanzas, y todos los cambios inesperados, alteran el mundo de los niños. “David Copperfield”, de Charles Dickens es una de las novelas que de manera más cuidadosa reconstruye tales experiencias.

“En Buenos Aires, llevábamos una vida de finca. O leía o jugaba con mis hermanos. En España, vivíamos en un departamento. En América no había tanta historia, en España, la historia estaba ahí”, refiere el autor de Como la arena y El regreso del joven príncipe. En el bien llamado Viejo Mundo, había legados que se remontaban a la Edad Media y a tiempos más remotos. En América, no muy conscientemente, escuchamos y vemos aún los ecos de esos siglos. Cuando los españoles ascendieron de las costas tropicales hacia el altiplano, comenzaron a advertir las semejanzas con Castilla y La Mancha. Así empezaron a ver estas tierras como una España nueva. Los acueductos coloniales heredaron sus arcos del Imperio Romano; las cúpulas de nuestras iglesias son descendientes del panteón y de las termas. Aún surgen las voces medievales que
cabalgaron con el Cid.

De la temprana estancia de Roemmers en la península, surgieron poemas como Himno a Castilla (Madrid, 1977), que expresa la agreste grandeza de aquella región:

“Castilla en horizontes. Llanura que muere en salobrales, meseta vacía, tierra de nadie, sobria inmensidad y gallardía abre ante mí. Castilla en soledades”.

Noche en el Escorial (San Lorenzo del Escorial, 1975) es otro de los poemas inspirados por la historia, los monumentos y el legado de España:

“Ya no es del imperio la cumbre dorada, ni la augusta sede de la aristocracia. No habita en su seno el austero monarca que de algún sueño lo trajo al Guadarrama. No llegan más carrozas por la vieja plaza, ni aventurados marinos de tierras lejanas. No hay más antorchas ni quedan ya guardias, se ha dormido la historia en la gran explanada. Pero aún en la distancia continúo extasiado por el sublime prodigio de sencillez y abundancia”.

Varios poemas nacieron en Punta del Este, Uruguay; Veinte silencios está dedicado a Jorge Luis Borges, cuando cumplió su vigésimo aniversario luctuoso.

Durante la presentación de su libro, se le preguntó al poeta por qué ha elegido los sonetos para su trabajo.

“Me gusta la música, me gustan las matemáticas, la física. Puede expresarse la pasión, pero hay que contenerla dentro de ciertos moldes. ¿Dónde termina la libertad total? El soneto pone un límite y un desafío. No solo soy yo, es mucha la gente que compone sonetos. Borges escribía muchos sonetos. En el colegio, en España, estudiamos todas las formas de poesía”, respondió Roemmers.

Tras unos instantes, añadió: “Me fijé que muchos de los poemas que me habían gustado cuando niño, eran sonetos, como los de Bécquer”. Las respuestas de Roemmers traen a la memoria que, uno de los libros clásicos para la enseñanza de la gramática en México, el de Emilio Marín, incluía las diferentes formas de poesía, con ejemplos de autores españoles y americanos.

El prólogo de España en mí y otros poemas estuvo a cargo del filólogo y escritor Luis Alberto de Cuenca, miembro de la Real Academia de Historia de España.

“Con tensión y emotividad, desde las raíces de un alma generosa y solidaria, va enhebrando Alejandro Guillermo sus versos con la sabiduría técnica de rigor, pero también dejándose el corazón en cada poema y ofreciéndoselo al lector en comunión que linda con el espacio de lo religioso”.

Con su diseño de estilo vintage, que revive la estética de los años 20 y 30, España en mí y otros poemas, redondea sus páginas evocadoras.