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“Espejito, espejito” / Espejito, espejito!

  • Palabra: Terry Guindi

El espejo, el mítico objeto, el que refleja lo que tiene enfrente, el que distorsiona de acuerdo al pulido exacto de su cristal, de aquello que funge como pintura en una de sus caras, la llamada pátina que alarga lo observado o lo hace ver francamente redondo, cóncavo o convexo, en la antigüedad se lograba con un baño de plata pura.

En la Conquista de México los invasores aprovechaban su relativa escasez, la que da el valor a las cosas y hasta por oro se intercambiaba.

El espejo que regaña cuando nos ve, cuando asumimos que tenemos culpa y lo sabemos, cuando negamos la realidad, como si pudiéramos ocultarla del juez que somos nosotros mismos, finalmente el que observa a este objeto, que en determinadas circunstancias nos aleja de la mirada firme y a los ojos que deberíamos dispensarnos.

Cuando desvías la mirada ante el espejo, como si el objeto en él fuese distinto a ti, equivale a vernos desde la altura como si fuéramos distantes a lo que nos ocurre o a los efectos derivados de esos hechos.

Existe una imagen que proyectas intrínseca al cómo te ves o te ven; toda interpretación modifica la realidad, a veces hace crecer defectos o cualidades, sin embrago, tal y como se presente es indudablemente tu realidad.

Eso es lo que al Universo y a todos nos estás dando.

Intenta una sonrisa, observa esta pequeña luz detrás de la imagen, supera al espejo como un cúmulo de vanidad y fiel retrato de todos los tiempos, pasa por encima de la bruja del cuento que lo obliga a admitir y gritar que eres tú la más bonita de la historia.

En conciencia eres dueño de un espejo mágico que refleja además del exterior, tu interior; sus miedos, sus circunstancias y sus fantasmas; entender que esto forma parte esencial de tu tiempo es vital, asumir que es posible también un equilibrio
distinto.

Toda característica que te cause disgusto tiene que ser analizada con una profunda autocrítica; es muy común que ese mismo punto se encuentre precisamente en ti. Lo mismo ocurre con aquello que te enaltece y empodera, busca su presencia en todo lo que está a tu alrededor, lejos de estar ausente está seguramente encubierto, es tu tarea descubrirlo.

El espejo y su magia, recuerdan, también cuando en ese memorable evento, en paz y a gusto contigo mismo, has permanecido mirándote, largamente y con gran satisfacción.

Imagen y espejo, distingue el tuyo, la proyección que de él tienes, cómo te ves, qué das, más aún que quitas o suprimes.

Ante el espejo pronunciamos las palabras mágicas, las que acompañan la primera lista de los pendientes, la relación de lo que en las próximas horas haremos, la actitud que mostramos ante los compromisos asumidos y los objetivos de los que formamos parte, los de grupo y los individuales; el gusto por enfrentar la realidad con una cara distinta a sabiendas de que podemos llegar a buen fin en lo que nos hemos propuesto o en nuestra participación en el colectivo; en ti está el cambio; en ese sitio terminan también las acciones del día, el estar satisfecho del esfuerzo empeñado es también una tarea totalmente tuya.
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